Opinión

Estado débil

   
1
   

   

bandera

Este domingo, el NYT publicó un reportaje firmado por Max Fisher, Amanda Taub y Dalia Martínez, titulado 'Perdiendo fe en el Estado, algunos pueblos mexicanos calladamente rompen con él'. Es la descripción de las maneras en que se intenta en Tancítaro, Michoacán; Monterrey, Nuevo León, y Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México, enfrentar al crimen. Es un buen reportaje, aunque no perfecto. La conclusión es que “la crisis en México se manifiesta en la violencia, pero tiene su origen en la corrupción y la debilidad del Estado”. No creo que haya duda de ello.

Las sociedades humanas requieren de una estructura de poder para existir. Hay tres fuentes del poder: la fuerza, los recursos y la autoridad. Los dos primeros, sin embargo, son insuficientes para mantener una sociedad por un tiempo razonable, y es indispensable lograr que la sociedad acepte que una persona, o un grupo de ellas, tienen 'derecho' a tomar decisiones que afectan a todos. En términos más frecuentes, es imprescindible la legitimidad del gobierno para que el Estado funcione. Sin ésta, lo único que queda es la fuerza y el dinero, y eso nunca alcanza por mucho tiempo, como decíamos.

La legitimidad del gobierno tiene su origen en un cuento, una historia, que unifica y da sentido a la sociedad. Hace algunos siglos, esa historia era esencialmente religiosa (todavía lo es en algunos lugares). Desde hace poco más de doscientos años, la historia refleja el contrato social; es decir, el acuerdo del pueblo. Ese pueblo estaba formado antiguamente sólo por hombres ricos y viejos, pero durante el siglo XX se fue ampliando para reflejar cada vez más a la sociedad completa. Las historias se fueron adaptando un poco, dependiendo de cada país y su trayectoria.

En México, el cuento que dio legitimidad al gobierno desde mediados de los años treinta fue la Revolución. Se cerró con esa historia el periodo violento, y se pudo gobernar con autoridad, un poco de fuerza, y un poco de dinero. Pero esa legitimidad llegó a su fin con la debacle de los años ochenta: la crisis económica de 1982, la social de 1985, la política de 1986. El gobierno dejó de sostenerse en esa narrativa revolucionaria y propuso una nueva, de modernización anclada en la globalización. Una proporción creciente de mexicanos ha ido aceptando la idea, pero muchos no lo han hecho y prefieren el regreso de la anterior.

Sin una fuente clara de legitimidad, el gobierno ha tenido que hacer uso de la fuerza y el dinero para mantener el funcionamiento de la sociedad, con el problema de que ni tiene fuerza ni tiene dinero. No los tuvo por décadas porque no se requería, y hoy que se necesitan, simplemente no existen. Para tener algo de fuerza se ha involucrado a los militares en labores de seguridad pública; para tener algo de dinero, llevamos diez años con déficit (a veces cubierto con malabarismos contables). Como decíamos, eso no alcanza. Los ejemplos del NYT lo ilustran.

No es difícil imaginar la solución: hay que dotar de fuerza al gobierno, con policías, procuradores y jueces, y eso exige dinero (otras cosas también, pero sin duda dinero). Así que hay que darle al gobierno más dinero del que tiene hoy. Aunque ya no estamos en el fondo de la tabla, México sigue siendo uno de los países que menos recaudan.

Pero la sociedad no querrá dar ni más fuerza ni más dinero a un gobierno que no es legítimo; es decir, que no representa un cuento unificador. ¿Cuál cuento nos puede servir? ¿Regresar al viejo nacionalismo revolucionario? ¿Insistir en la modernización vía globalización? ¿Apostar a una nueva narrativa, todavía indefinida?

Bueno, pues eso es lo que representan cada una de las tres opciones para julio.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

También te puede interesar:
Precampañas
Energía, autos, ciudades
El fin del mundo masivo

Sign up for free