Opinión

Estado de la Unión

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El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, durante el discurso sobre el Estado de la Unión. (Reuters)

Aprovechando que es viernes, comentaremos algo diferente. En esta ocasión el informe presidencial estadounidense, conocido como discurso del Estado de la Unión, que presentó Barack Obama el martes pasado.

Obama es un orador muy dotado, que además ha logrado tener un equipo de apoyo que refuerza sus habilidades. En consecuencia, es un placer escucharlo, aunque después de siete años ya suena muy repetitivo. Durante el primero, el año de la campaña, era verdaderamente novedoso, tanto en la forma como en el fondo de sus alocuciones, que encajaban perfectamente con la idea que quería vender: sí podemos. Fue, aunque parezca extraño, muy similar a Vicente Fox, un excelente candidato, porque su discurso, sus formas y su mensaje coincidían perfectamente. Ofrecían el cambio, y ambos lo hacían de manera creíble para sus votantes. Fox anunciaba que podía sacar al PRI de Los Pinos; Obama, que transformaría a Washington para sacar a los viejos políticos de su pasmo.

Ninguno de los dos cumplió sus promesas. Fox sacó al PRI de Los Pinos, pero no pudo, quiso, o supo, sacarlo del ejercicio del poder. Obama sí transformó a Washington, acarreando un puñado de políticos de Chicago, y en ese sentido transformó la política de la capital estadounidense, del terso y lento estilo tradicional al rudo e ineficaz de su ciudad adoptiva.

En muchos otros aspectos Fox y Obama no tienen parecido alguno, pero éste, en el que sí tienen, es el que será recordado: grandes candidatos, presidentes regulares, tirando a malos. En este último discurso, Obama festejó cómo la economía estadounidense se
ha recuperado, insistiendo en la reducción del desempleo y el precio de la gasolina. Pero el primero es resultado de millones de estadounidenses que dejaron de buscar chamba, y el segundo de la nueva tecnología del fracking que Barack Obama no sólo no ha apoyado, sino que criticó en varias ocasiones.

El discurso del martes pasado inició con la afirmación de que los sufrimientos de Estados Unidos durante el siglo XXI llegaban a su fin en ese momento. Extraña afirmación para un presidente que acaba de perder las elecciones como ningún otro en la historia reciente. Más extraño cuando no sólo celebró el tema económico, al que tituló como “economía de la clase media”, sino que soltó una retahíla de ofertas: gratuidad en el cuidado preescolar y por dos años de college, aumento al salario mínimo, activismo en el comercio internacional. Pero antes de todo eso, reiteró que si el Congreso le manda algo que no le guste, lo va a vetar. Y lo dijo como si su veto fuese la garantía de esa economía de clase media.

En la parte final, sus explicaciones acerca del tema internacional fueron francamente malas, considerando la situación en Siria e Irak por un lado, y Rusia y Ucrania por el otro. En el primero, el Ejército Islámico no ha podido ser controlado; del segundo, afirmó que Rusia está en una crisis seria, pero olvidó que la causa es el precio del petróleo y no tanto las sanciones.

Obama fue un excelente candidato, pero ha sido un presidente con un estilo muy ríspido (de Chicago), muy malas ideas acerca del tema internacional, y propuestas económicas no muy modernas. A pesar de lo que dijo el martes, intentará acabar con los republicanos en los siguientes meses. Ya lo veremos.

Twitter: @macariomx

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