Opinión

Estado benefactor europeo


 
La crisis global del capitalismo tiene causas semejantes aunque con diversos matices en cada país. Lo que es más evidente en todos, ricos y pobres, es que está provocando mayores desigualdades en capacidades productivas y mayor polarización social.
 
Esos fenómenos ya son inocultables lo mismo en Estados Unidos que en Europa. Barack Obama ha hecho del "rescate de las clases medias" empobrecidas, uno de los motivos centrales de sus políticas.
 
En Europa, donde se desarrolló el Estado benefactor de la postguerra, les resulta lógico atribuir la mayor concentración empresarial y polarización social al desmantelamiento de ese Estado, proceso a cargo del llamado "neoliberalismo".
 
A la política económica derivada del neoliberalismo responde la reducción y sometimiento de las instituciones a los imperativos del mercado. La transferencia a los mercados del impulso al crecimiento económico, ha permitido que las grandes corporaciones impongan sus lógicas y estrategias.
Por ejemplo, han impuesto el argumento descabellado de que siendo la desigualdad el resultado de la desigual capacidad productiva de los agentes económicos, la mejor manera de equilibrar las capacidades de todos los que producen y venden, es dejar que compitan libremente.
 
El doble resultado de haberlo ensayado es, por un lado, la reducción del número de empresas por sector (que se concentran en cada vez menos países, lo que representa una amenaza más al proyecto europeo), y por el otro, la precarización del empleo y polarización social.
 
 
Solidaridad en entredicho
 
Muchos columnistas en la prensa europea lamentan que el neoliberalismo y la crisis hayan puesto en entredicho la comunidad de soberanías compartidas en que se basa la Unión Europea, porque ha sido el sálvese quien pueda lo que ha motivado las actuaciones de las autoridades en cada país y no la cooperación de una unión que se supone que abarca el orden ciudadano, el político y el económico.
 
Numerosos analistas de prensa lamentan, porque tienen referentes en su pasado para hacerlo, que con el desmantelamiento de las instituciones y la pérdida de legitimidad de las políticas públicas, se ha perdido algo muy valioso, que es la capacidad vertebradora de la cohesión social que corresponde al Estado.
Pero lo que más ha deteriorado la cohesión social en Europa son las cada vez mayores diferencias sociales que tienen que ver con la reducción de los salarios y con los altos niveles de desempleo.
La Comisión Europea señala que la masa salarial representaba en 1975, en la Europa de los 15, el 69.9% del PIB y que en el 2006 había bajado a sólo el 57.8%. Es un indicador inequívoco de que la redistribución del ingreso está creciendo del lado del capital y no del trabajo.
 
El desempleo y las bajas remuneraciones afectan, sobre todo, a las juventudes de clases medias. La tasa de desempleo entre los menores de 25 años en la zona euro se ubica en 23.5%. España tiene la peor situación, con 55.9% de desempleo; le siguen Italia y Portugal con tasas poco mayores a 38%.
 
A esas juventudes se les pide que hagan suya la necesidad de trabajar más y más eficientemente para enfrentar la competencia global, pero no se les dice cómo y cuándo tendrán empleo los 15 millones de jóvenes desocupados.
 
Las tasas de desocupación también son responsables de otro fenómeno cada vez más visible en las ciudades europeas: el rápido avance de la economía informal, la cual ha crecido con enorme rapidez durante los últimos 5 años.
 
El Dr. Friedrich Schneider, de la Universidad Austríaca Johannes Kepper, cifra la economía informal de Grecia en 24% de su PIB; la de España en 19% y la de Italia, en 22%.
 
Muchas de las experiencias que Europa está empezando a conocer, las conocemos bien en México. Sabemos que no es un estadio transitorio de cosas, sino que tiende a permanecer..