Opinión

Esta es la generación del terrorismo

 
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francia

Esta generación no creció con guerras, sino con su recuerdo. Los adultos de la tercera edad hoy apenas acudían a la primaria cuando finalizaba la Segunda Guerra Mundial. Sus hijos, nuestros padres, llegaron a la adultez bajo la amenaza latente de un choque nuclear que terminó por ser desactivado al alimón del desmoronamiento del comunismo. Nosotros creíamos entonces que las amenazas bélicas habían sido superadas, y que sólo en las hemerotecas habríamos de aprender sobre las atrocidades pasadas.

Parece que fuimos ilusos. La guerra está aquí, más presente que nunca; pero tiene un nuevo denominador: el terror, el pánico que se apodera de cientos de personas dentro de los edificios de la Universidad de Harvard tras la amenaza de una bomba ayer, o de quienes se manifiestan pacíficamente en la Plaza de la República de París y que terminan corriendo y arrastrándose a los cafés y restaurantes como bichos tras los rumores de más atentados posibles.

Hasta ahora va ganando el Estado Islámico. Nadie lo ha detenido; su huella crece; los expulsados de Siria difícilmente regresarán y todas las amenazas de sus actos de terror son creíbles aunque sean falsas. Por eso François Hollande fue enfático. Sí es guerra: “Estamos en guerra para mantener nuestros valores de libertad”, y proclamó que Francia deberá perseguir junto con sus aliados la destrucción –no sólo la contención– del enemigo.

Es guerra porque Francia inició un estado de excepción que ahora podría extenderse durante tres meses. Un período en el que la Policía podrá ejercer facultades excepcionales para buscar, detener y meterse en la entraña de cualquiera del que sospeche. Es guerra que une a los líderes del mundo, incluido, aunque sea momentáneamente, Vladimir Putin; y que pone a Barack Obama al borde de la especificidad: no a las tropas en tierra, aseguró en Turquía, mientras sus compatriotas en cuatro estados (Texas, Arkansas, Indiana y Louisiana) escuchaban que sus gobiernos locales impedirán que refugiados sirios aterricen en ese suelo. En una carta al presidente le dijeron: “Ni usted, ni nadie del gobierno federal puede garantizar que los refugiados Sirios no se sean parte de una actividad terrorista”.

México ya tuvo sus víctimas en este episodio: Noemí González y Michelli Gil Jaimes, dos mujeres que no hacían daño a nadie. Los mercadólogos les habrían clasificado como millennials, por haber nacido después de 1980. Pero son, en realidad, víctimas de la generación del terrorismo. Un terrorismo que México quiere ver desde una pequeña ranura del manto guadalupano que le cubre. Allá, a lo lejos, anhelando que nunca toque su suelo. No pareciera, sin embargo, que bastará esta vez con apretar fuerte los ojos.

Twitter: @SOYCarlosMota

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