Opinión

Esperanzador mensaje de Enrique Peña Nieto a la nación

 
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Enrique Peña Nieto

En la reciente elección del cinco de junio los mexicanos expresaron con claridad su preocupación por la corrupción e impunidad que aquejan al país. Tienen razón. Estos no son problemas que hayan surgido de la noche a la mañana. No son el resultado de grandes conspiraciones o de planes malévolos. Son la consecuencia de décadas de debilidad institucional y de malas prácticas que se van arraigando. A falta de reglas claras, de leyes justas, de ministerios públicos eficientes y de cortes profesionales, en forma perversa, la corrupción ha sido la grasa que permite que las cosas fluyan.

La corrupción impone costos, es un impuesto que permite que quien tiene recursos y entiende el sistema se beneficie, impidiendo acceso a quien no los tiene, y frecuentemente encarece y entorpece procedimientos que debiendo ser ágiles y transparentes son todo menos eso.

México no puede pasar de ser un país de ingreso medio a uno desarrollado sin hacerle frente a la corrupción, y sin resolver su problema hermano, el de la impunidad. La sociedad clama que algunos funcionarios públicos vayan a la cárcel. Es inocente, y potencialmente irresponsable, pensar que eso resolvería el problema que enfrentamos.

La realidad es que carecemos del entramado jurídico e institucional necesario para que quienes han abusado en el desempeño de sus funciones reciban castigo, después del curso de un debido proceso a todas luces justo. Ese es un derecho de todos los mexicanos. No se trata de ofrecer la satisfacción de la venganza. Sobre todo, debemos asegurarnos de jamás privar de su libertad a aquellos cuyo único delito ha sido no tener ni los recursos ni las palancas para defenderse.

Recientemente se ha denunciado a nuestras fuerzas armadas, acusándolas de violaciones a los derechos humanos. Es importante tener extremo cuidado con cargos de tal peso. El Ejército Mexicano ha tenido que enfrentarse a un enemigo bien armado, capaz de crueldad extrema y sin el más mínimo respeto por la vida de inocentes.

Entendamos que no los hemos provisto con un sistema de impartición de justicia que los proteja, y con capacidad suficiente para procesos legales eficientes que encarcelen a los malhechores y los mantengan tras las rejas. Condeno cualquier posibilidad de acción extrajudicial. Pero para garantizar su completa abolición, es importante blindar tanto al Ejército como a las fuerzas policiacas competentes que eventualmente los deben reemplazar en el frente de batalla.

Seamos realistas. Cuando le pedimos a funcionarios y legisladores que empoderen a instituciones autónomas que ejerzan esa independencia, necesitamos dotar el proceso con una amnistía. No todo funcionario público es corrupto, así como tampoco todo empresario es limpio. No toda fortuna es mal habida. Con certeza, habrá fuerte oposición al desarrollo de esas instituciones por parte de políticos poderosos de todos los partidos, y de empresarios que se benefician de la falta de transparencia, o que saben darle la vuelta a leyes y regulaciones existentes. Establezcamos el límite que no rebasaremos al perseguir delitos que ocurrieron en el pasado. Pero, a cambio de eso, dejemos transparentemente claro que una vez que legislemos un marco legal más ambicioso y moderno, y que empoderemos a las instituciones que necesitamos, habrá cero tolerancia a actos de corrupción, exigiremos transparencia de todo servidor público, y ningún delito permanecerá impune.

La inseguridad en México es consecuencia de la debilidad institucional.

Conforme armamos las leyes y el sistema de impartición de justicia que el país merece, tenemos que desarrollar una fuerza policial profesional, bien entrenada, bien armada, con altísimos controles de confianza, y extraordinariamente bien remunerada.

Es importante que construyamos un sistema de cortes y jueces profesionales, dotándolas de recursos suficientes, de instalaciones dignas y de compensación justa, que se vuelvan una buena alternativa de carrera para abogados talentosos con evidente vocación de servicio.

Desarrollemos cortes especializadas que garanticen procesos justos y transparentes, y fomenten la actividad empresarial. Aprovechemos para revisar nuestra legislación laboral que es obsoleta y anacrónica. Con el afán de proteger a los trabajadores, hacemos todo menos eso y hemos creado un sistema que promueve la extorsión y se ha vuelto un pesado lastre que inhibe la inversión y fomenta la informalidad. No hay trabajador más desprotegido que aquel sin acceso a empleo formal.

Afrontemos el cáncer de la corrupción e impunidad con fortaleza institucional. Sólo un populista pensaría que problemas que tomó siglos arraigar se resuelven de un plumazo. Démosle atribuciones amplias a la Auditoría Superior de la Federación, modernicemos el Código Penal.

Después de definir las condiciones de una amnistía, dotemos de autonomía a una fiscalía que sea capaz de castigar el abuso del poder y los conflictos de interés. Y, por último, tengamos consciencia absoluta de que detrás de todo funcionario corrupto hay un ciudadano que lo corrompe. Estoy dispuesto a hacer lo que me toca, pero cuento con que ustedes harán lo propio.

Sí, escuché el mensaje del cinco de junio.

Enrique Peña Nieto.

Twitter: @jorgesuarezv

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