Opinión

Leyes sobre energía, esperanza de crecimiento

La gran innovación y avance de este sexenio es el cambio constitucional enviado por el Ejecutivo y aprobado por el PRI, el PAN y la mayoría de legislaciones estatales, que abre el sector energético a la competencia y a la inversión privada. Termina con un obsoleto monopolio estatal, que sólo generó corrupción, necesidad de importación de gas, gasolinas, petroquímicos y con un monopolio de la luz eléctrica, que la vende a un precio hasta 25 por ciento mayor al que la compran los norteamericanos a empresas eléctricas privadas.

Ante una reforma laboral mediocre y un aumento de impuestos que desincentiva la inversión privada, la única carta que le queda al gobierno para impulsar el crecimiento antes de que termine este sexenio, son leyes secundarias en materia energética atractivas para inversionistas internacionales.

Si los legisladores del PRI, PAN y PRD pasan por alto la situación crítica de Pemex, que cada día produce menos a mayores precios y aumentan sus pasivos laborales, y por otro lado una mayor competencia y apetencia por inversionistas en 191 países con petróleo, muchos de los cuales sin capital ni tecnología para sacarlo, crea la ineludible necesidad de hacer competitivas las leyes secundarias energéticas; sin ello, no habrá factor interno que incentive el crecimiento económico en los próximos años.

Empresarios mexicanos se van a Estados Unidos a invertir en gas para después exportarlo a México, donde es escaso y cada día se importa más. Si queremos que inviertan en México hay que ofrecerles mejores condiciones que en EU.

En Brasi la reforma de Lula obligó a los inversionistas a asociarse con Petrobras, reduciendo la presencia de los primeros en las últimas licitaciones. Si cometemos el mismo error, no vendrán capitales privados al sector energético de México.

Hasta ahora los proyectos de leyes secundarias son considerados por especialistas como confusos, con un gran margen de discrecionalidad para las autoridades, llenos de controles y que de salir, como están planeados, serán poco atractivos para los inversionistas. Entonces se desvanecerá  la esperanza de que la reforma energética impulse un mayor crecimiento.