Opinión

Esperanza

   
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Harvard Business School

Después de una semana de malas noticias (o al menos, una en la que hemos comentado aquí varias posibilidades negativas), creo que hay que compensar hablando del potencial que tenemos.

En las últimas semanas han ocurrido las graduaciones en Estados Unidos, y hay varios casos de jóvenes que han sido exitosos por encima de obstáculos impresionantes. En Texas, en la graduación de sus colegios, dos jóvenes de origen mexicano fueron elegidas como “valedictorian”, lugar de excepción que se otorga a jóvenes de muy alto desempeño y que incluye el honor de hablar a los jóvenes que se gradúan. Una de ellas, Mayté Lara Ibarra, ha recibido beca completa para la Universidad de Texas, además de una decena de medallas. La otra, Larissa Martínez, se va a Yale. Pero lo excepcional de estas jóvenes no es sólo ese desempeño académico exitoso, sino que ambas son indocumentadas. Han podido estudiar en Estados Unidos, a pesar de estar ilegalmente en el país, gracias a que el sistema educativo en ese país ha logrado mantenerse fuera de las presiones antiinmigrantes, y también gracias a la iniciativa de Obama, que amplió la cobertura a los llamados dreamers, jóvenes que llegaron ilegalmente a Estados Unidos desde niños. La respuesta al éxito de estas dos jóvenes ha sido desigual. Tal vez porque Larissa Martínez criticó a los políticos antiinmigrantes en su discurso, y especialmente a Trump, recibió una andanada de insultos en las redes sociales, que de paso se generalizaron para otros casos similares.

Pero hay más. Dos jóvenes mexicanos se graduaron del posgrado en Harvard, en la Kennedy School, hace menos de un mes. Una de ellas, Norma Torres, llegó también de forma ilegal a Estados Unidos cuando era niña, escondida en un tráiler junto con su madre. Se avecindaron en Houston, a partir de donde Norma logró avanzar académicamente contando con el apoyo de diversas personas, desde la familia con la que trabajaba su mamá, hasta donaciones que le permitieron estudiar en Rice, y posteriormente la beca en Harvard, de donde se graduó hace unos días, y donde recibió un premio especial.

Rafael Rivera, en cambio, no llegó a Estados Unidos ilegalmente, pero el camino que siguió para graduarse hace unos días en la maestría en Administración Pública para el Desarrollo Internacional en Harvard es también digno de atención. Rafael es de Ecatepec, e inició su vida con muy escasos recursos. Estudió la secundaria con la Fundación Azteca, y después obtuvo una beca para estudiar la preparatoria en el Tecnológico de Monterrey, en Ciudad de México, donde se extendió la beca para cubrir sus estudios de licenciatura. Después de trabajar unos años en McKinsey, Rafael logró ser aceptado en Harvard para la maestría de la que ya se ha titulado, y simultáneamente para la maestría en negocios, que terminará en un año más. Si bien Rafael no ha enfrentado el riesgo que significa estar ilegalmente en Estados Unidos, su desempeño es extraordinario.

Hay mucho que aprender de estos ejemplos. Primero, que sobra talento pero faltan oportunidades. Que esas oportunidades pueden multiplicar lo que se invierta en ellas. El Tec de Monterrey busca cada año talentos para apoyar, precisamente por ello. Segundo, que Estados Unidos es mucho más que unos pocos (o muchos) racistas y políticos oportunistas. Tercero, que el trato que reciben nuestros compatriotas allá dista de ser absolutamente discriminatorio. Dudo que alguien indocumentado en México logre terminar un ciclo educativo acá, por ejemplo. Pero, más allá de lo que podemos aprender, para mí es motivo de orgullo poderle narrar, aunque sea brevemente, los éxitos de estos jóvenes que han sido capaces de sobresalir mucho más allá de lo que cualquiera esperaría. Hay futuro.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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