Opinión

España: represión a prensa crítica

La transición democrática española hace agua no sólo por el agotamiento de los dos partidos dominantes, ni por el repudio hacia la monarquía, sino también por la represión a la prensa escrita, sin cuya participación en los setenta hubiera sido posible la democracia.

El jueves 30 de enero los dueños del periódico El Mundo cesaron al director general Pedro J. Ramírez como una decisión de los accionistas, pero por la presión del presidente español Mariano Rajoy, del conservador Partido Popular. El Mundo fue un pivote en la instauración democrática luego de la transición 1976-1978 y se colocó como el segundo diario más importante por su enfoque crítico contra el poder.

En su discurso en la redacción para explicar su cese (ver en http://www.elmundo.es/television/2014/01/30/52ea9d84ca474113658b4579.html), Ramírez explicó que su suerte quedó marcada por las revelaciones de documentos de la contabilidad secreta del Partido Popular y la lista de políticos que cobraban sueldos secretos, además de estallar la trama de fraude del yerno del rey Juan Carlos I, Iñaki Urdangarín, y el involucramiento de la casa real en el tráfico de influencia y dinero sin declarar a Hacienda.

Sumida España en una severa crisis económica con empobrecimiento general, la represión contra El Mundo coloca a España como un país bananero latinoamericano, a pesar de contar con instituciones sólidas. La ausencia del presidente Rajoy en la entrega de premios de periodismo otorgados por El Mundo fue una señal de que diario había quedado marcado por el poder. Obviamente el gobierno rechazó la intervención, pero Ramírez fue claro en señalar que las críticas a Rajoy y al rey por corrupción obligaron a los accionistas italianos a despedir el director del diario.

Paradójicamente, Ramírez había sido despedido en 1989 de la dirección de Diario 16, cuya revista Cambio 16 fue clave para impulsar y defender la transición a la democracia, entonces por presiones del presidente Felipe González, del PSOE. Hoy el PP ajusta cuentas vía la represión por las mismas razones: la crítica al poder, en el entendido de que Pedro J. Ramírez ha considerado siempre al periodismo como un contrapoder, un poder social frente al poder del sistema político dominante.

España había pasado, con altibajos, la prueba de la democracia con la existencia de una prensa crítica. Ramírez había revelado las corruptelas del hermano del presidente Felipe González y la guerra sucia criminal contra terroristas y salió de Diario 16 por complicidades de los editores, pero pudo lanzar El Mundo como periodismo alternativo frente al de El País muy funcional al socialismo español y ya como un gran emporio empresarial de prensa sostenido con subsidios oficiales.

Las revelaciones de Ramírez en El Mundo sobre el uso de dinero secreto para nóminas del PP y los datos del fraude del yerno del rey con derivaciones a la cúpula de la monarquía, todo ello en una fase de crisis económica que ha cimbrado y debilitado las instituciones democráticas, condujeron a la presión gubernamental para desplazar a Ramírez, en una forma muy parecida al de Excelsior en 1976, cuando el presidente Echeverría propició la salida del director Julio Scherer y colaboradores por su crítica al poder político.

Las revelaciones de Pedro J. Ramírez (@pedroj_ramirez y pedroj.ramirez@elmundo.es) mostraron que España ya rompió el pacto por la transición de 1976-1978 y entró en una fase de crisis democrática que requerirá de un nuevo acuerdo por la transición. Si no, los fantasmas del franquismo autoritario --de donde proviene el PP actual-- se asentarán de nuevo en España y harán fugaz la experiencia democrática de 35 años de experiencia democrática.