Opinión

Eso se dice

Las cosas que ha oído Gamés en las sobremesas de amigos verdaderos y los asuntos de los que se ha enterado en recortes de prensa le han puesto los pelos de punta convirtiéndolo en un punk eterno. Una película de bajo presupuesto, un burlesque criminal, unas tandas del crimen organizado. Esto se dice:

Todos sabían que el alcalde era un asesino pues había mandado al otro barrio a un adversario de su propio partido, el PRD, de dos escopetazos en la cara. Como lo oyen, dos fogonazos en el rostro. En las calles de la ciudad de Iguala se sabía, eso se dice, que la esposa del alcalde se llevaba muy bien con el gobernador. Sí señor, eso se decía en los mercados y los mentideros de aquella ciudad.

Se sabía que la señora del alcalde era la hermana de dos hampones de mucha monta, jefes definitivos de Guerreros Unidos, los Pineda, enemigos mortales de Los Rojos, otro terrible grupo delictivo.

Los rumores, esas precauciones que toman los hechos antes de volverse realidad, iban y venían como el viento: el crimen organizado le pagó al gober su campaña para la gubernatura de Guerrero. ¿Hay alguna prueba de esto?, ninguna que Gil conozca, pero las habrá con el tiempo (¿cómo ven a Gamés misterioso, como ocultando una fuente muy importante?). Como dice la canción del venado: son rumores, son rumores. Anjá.

Más de lo mismo

La señora del alcalde quería ser alcaldesa, nada más natural en estos tiempos en los cuales las mujeres bla, bla, bla. Para ello daba discursos, organizaba reuniones en el DIF local, o como se llame. La noche en que desaparecieron los 43 jóvenes estudiantes de Ayotzinapa, alguien los requirió en su escuela y les dijo que había una misión que cumplir en Iguala. Nadie ha explicado quién los convoco a Iguala y para qué. Bueno, en realidad nadie ha explicado nada, todo es un misterio. Como otras veces, los normalistas secuestraron camiones, realizaron desmanes por donde pasaron, saquearon algunas tiendas. Como siempre.

Se dice que el alcalde dio la orden asesina a la policía municipal. Policía que, se dice, trabajaba a las órdenes de Guerreros Unidos. Después de asesinar a seis jóvenes, tres normalistas y tres jóvenes integrantes de un equipo de futbol que se encontraban en el lugar equivocado. La policía secuestró a los estudiantes y, se dice, los entregó a un grupo de criminales integrantes de Guerreros Unidos. Desde entonces nada se sabe de los 43 estudiantes.

La huída y la búsqueda

Un criminal le ordenó a Abarca el secuestro porque entre los jóvenes normalistas había elementos de Los Rojos. Eso se dice. Dos días después de esa noche fatídica, se dice, el gobernador habló con la señora del alcalde y horas después se esfumaron tal y como los vimos hacerse humo en el programa Punto de Partida de Denise Maerker. Se dice que el secretario de Gobernación le advirtió al gobernador que vigilara a los Abarca.

A un cura le dijeron que los jóvenes estaban muertos, que habían sido quemados en vida y enterrados en una fosa. Eso se dice. Mientras buscaban a los jóvenes normalistas, la policía federal encontró varias tumbas con cadáveres. Nadie sabe hasta ahora su identidad. Se dice que fueron ejecutados por el crimen organizado. El gobernador pidió licencia, pero antes dijo casi con alegría que los cuerpos encontrados en las fosas no eran los de los normalistas.

El gobernador sustituto, Rogelio Ortega Martínez, fue secretario de la Universidad Autónoma de Guerrero. Al tomar el grave cargo, lo primero que hizo el suplente fue elogiar a su antecesor corrido a patadas por la presión social.

Se dice que el ex secretario carga con una denuncia penal por secuestro allá en los inicios de los dos miles, que su activismo político lo llevó a relacionarse con las FARC. Eso se dice. ¿Hay alguna prueba de todo esto que ha escrito Gil? Ninguna, pero se dice aquí y allá, algunas versiones son más detalladas, otras más breves, pero se dice en todo México.

La máxima de Albert Einstein espetó dentro del ático de las frases célebres: “En los momentos de crisis sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”.

Gil s’en va