Opinión

Eslabones


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Cadena de oro

“La aspiración de lograr la cura total, la anulación de todo sufrimiento, no es más que un anhelo imposible”.
Gabriel Rolón, Historias Inconscientes, Planeta 2014.

Las palabras son clasificaciones para distinguir y nombrar las cosas del mundo: silla, lluvia, rojo, frío. Incluso realidades concretas como éstas lo son de distinto modo en la cabeza de cada uno.

Hay algunas categorías que son mucho más complicadas, como todas las que intentan describir los estados de ánimo, las relaciones o las razones por las que elegimos una cosa u otra. Por ejemplo, encontrar por qué uno anda desanimado, irascible, atrapado en una tendencia casi matemática a vivir el amor como conflicto o temer la posibilidad del abandono.

El problema de estas categorías es que tienen una carga intensa de contenido inconsciente y, en algunos casos, se manifiestan como síntomas inexplicables y destructivos, que son eslabones de una cadena simbólica.

Por ejemplo, la pérdida temprana del padre o la madre por muerte suele ocasionar una tendencia a repetir pérdidas de manera inconsciente. Matar proyectos, amores, oportunidades, antes de que se “mueran” sin que podamos evitarlo.

La desesperación cuando alguien se siente crónicamente mal, y por mal me refiero a desanimado, irritable, desconcentrado, con poca capacidad para enfrentar la vida, surge de una pobre comprensión de sí mismo y de prisa por decretar el final del sufrimiento. Aunque es una emoción entendible, la desesperación también es una defensa que entorpece la posibilidad de pensar y revisar si hay eslabones reconocibles en la cadena del malestar.

Una mujer anhela en lo consciente tener una relación estable, pero elige una y otra vez amores tormentosos con hombres que beben, que trabajan excesivamente, poco expresivos, con dificultades para la negociación de la cercanía y la distancia. La mujer transfiere a sus relaciones amorosas el deseo de estabilidad que no encuentra en sí misma. De temperamento pasional e impulsivo, vive la vida marcada por la contradicción. No se ha tomado el tiempo –porque está desesperada– de comprender por qué quiere y luego no, por qué ama y odia en ráfagas, por qué un día piensa algo y al día siguiente ya no.

Un hombre cuenta orgulloso, aunque nadie le pregunte, que ha tenido decenas de novias. Lo que no cuenta es que jamás se ha sentido realmente cerca de ninguna porque duda de su capacidad para despertar amor genuino y porque tiene una gran dificultad para ver a los otros con interés y compasión, más allá de la utilidad que puedan representarle. Las decenas de novias son los eslabones de la cadena de egoísmo e inseguridad.

Una joven sufrió abuso verbal y físico en la infancia y en la adolescencia. Siempre se sintió sola y desprotegida en su medio familiar. Hoy es una mujer que se pelea con facilidad. Se siente atacada, excluida, no querida, agredida, y no ha encontrado la forma de relacionarse con el mundo menos defensivamente. Dice haber superado los dolores de la infancia, pero su gran fragilidad disfrazada de enojo le impide recibir amor y sentir confianza. La suma de enojos son los eslabones en una cadena de soledad y desconfianza.

Encontrar qué significan una serie de conductas para cada persona en lo particular es un trabajo arduo que requiere constancia y valor. Siempre habrá algo en la vida psíquica que produzca dolor y tendencia a la destrucción. Identificar los eslabones que forman nuestro patrón de conducta dominante es un buen principio en la lucha por la salud emocional.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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