Opinión

“Ese pacto no es con Dios”

La semana pasada el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, hizo estos anuncios:

“A partir de hoy y hasta el 30 de noviembre de 2018, el Ejecutivo federal se compromete a:

1. No proponer cambios en la estructura tributaria.

2. Reforzar el combate a la evasión fiscal y la promoción de la formalidad.

3. Pleno respeto a las garantías constitucionales de los contribuyentes.

4. Mejorar la eficiencia y transparencia en el ejercicio del gasto público.

5. Mantener una trayectoria del déficit público, decreciente.

6. Sólo se podrán realizar modificaciones en materia tributaria ante eventos extraordinarios.

7. Sí se propondrán las modificaciones al marco tributario, que resultan de la reforma energética.

8. Reforzar la comunicación con la sociedad respecto a la evolución y desempeño de la economía”.

En declaraciones en los medios de comunicación el secretario anunció además que es una decisión tomada la de no aplicar el IVA a alimentos y medicinas en todo el sexenio.

La intención original del pacto fiscal anunciado por primera vez hace algunas semanas, era otorgar certidumbre a los agentes económicos, para que éstos puedan planear, y por lo tanto invertir con mayor claridad, durante los próximos 3 años. Ahora el anuncio se fue a todo el sexenio.

Hablemos primero de la forma. El formato seleccionado fue un anuncio unilateral del gobierno a los medios de comunicación, en donde, por cierto, no se convocó a los empresarios y a los trabajadores para suscribir un pacto, por lo menos hasta ahora.

Es probable que no se esté adoptando la forma de un Pacto, porque no se le está exigiendo nada a cambio a la sociedad. Los líderes de las cúpulas empresariales están hablando de adherirse al pacto.

Este anuncio… ¿Otorga suficiente certidumbre? Como puede observarse, sólo propone una puerta de salida para poder hacer cambios fiscales, y esto se expresa en el punto 6. ¿Cuál pudiera ser uno de los casos de excepción? Una nueva recesión en EU, un desplome en los precios del petróleo a los 30 o 40 dólares por barril, o una tercera guerra mundial; eventos poco probables hoy en día

Del otro lado, ¿qué tan creíble o factible es este compromiso? Entre los analistas, nos surgen varias dudas: ¿Es factible ir reduciendo la carga fiscal de Pemex en una magnitud suficiente, como para que pueda competir contra las empresas internacionales que vendrán al mercado mexicano, y al mismo tiempo reducir el déficit fiscal, sin incrementar los impuestos? Esto sólo sería posible con un importante crecimiento de la economía, con un férreo combate a la informalidad y con un fuerte programa de reducción en el gasto corriente del sector público en su conjunto.

En resumen: El gobierno se ha autoimpuesto la soga al cuello, optando por el camino más difícil.

El gobierno podría optar por realizar una segunda reforma fiscal con otro corte de tipo más ofertista para después del 2015. Pero con un elevado riesgo que está asumiendo, la administración nos está prometiendo la otra alternativa: sólo con alto crecimiento, reducción en el gasto corriente y con una mayor fiscalización se pueden lograr los objetivos más importantes para nuestra economía: Menor déficit fiscal, estabilidad en el esquema impositivo, que no aumente el endeudamiento, y una mayor transparencia en las finanzas públicas.