Opinión

Ese es el camino

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Virgilio Andrade, ayer en su oficina después de la entrevista con este periódico. (Heriberta Ferrer)

Los medios difusores, especialmente la prensa y las redes sociales de los últimos dos días, han sido particularmente hirientes y hasta crueles con el presidente Peña y con Virgilio Andrade.

Quienes tienen una visión diferente forman minoría y, seguramente, serán, seremos juzgados como adversos a la supuesta correcta interpretación de quienes tenemos el privilegio de publicar nuestras opiniones en diferentes medios. Si antes del martes 3 el meollo de la crítica se centraba en el “conflicto de intereses” en la adquisición de las casas en las Lomas de Chapultepec, en Malinalco y en Ixtapan de la Sal, las acciones presidenciales en las que nombra a un secretario de la Función Pública y pide la investigación sobre su persona, su esposa y su secretario de Hacienda, ese centro volcánico de discusión y análisis, se ha desplazado al hecho de que el presidente nombra a un subordinado a quien le pide realice la investigación. ¿Había en estos días otra fórmula?

Lo ideal hubiera sido formar una comisión de legisladores de variopinto color y partido político y desde ahí realizar la investigación. Pero esa comisión debe salir del interés de los legisladores y no del Ejecutivo. Lo que hace tres días vimos y oímos en Los Pinos fue lo que desde una Presidencia hoy acotada y sin los poderes metaconstitucionales que hasta hace poco le vestían, pudo hacer su ocupante: nombrar a un secretario de la Función Pública, una especie de fiscal anticorrupción, dictar nuevas reglas a la manera de las que existen en otros países del mundo desarrollado y pedir que los funcionarios federales se sometan a nuevas exigencias en cuanto a transparencia y lo que es relevante, evitar las posibles tentaciones del conflicto de intereses y la consecuente corrupción. La disposición presidencial va acompañada de dos elementos que pudieran matizar el hecho impugnado por algunos de que el designado se verá impedido en actuar con imparcialidad; estos son, primero, el que el proceso se vea custodiado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y segundo, que prevalezca la opinión de un panel de expertos en transparencia y rendición de cuentas formado por ciudadanos reconocidos por su rectitud y prestigio.

Algo semejante fue el principio del IFE (Instituto Federal Electoral) que arrebató a la Secretaría de Gobernación las facultades para que un consejo ciudadano realice como hasta hoy ocurre con el nuevo INE. De modo parecido, el 13 de febrero de 1989, dentro de la Secretaría de Gobernación se creó la Dirección General de los Derechos Humanos. Esto se convirtió más tarde en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y fue hasta 1999, diez años más tarde que, ya fuera de Gobernación, se constituyó como una institución con autonomía de gestión y presupuesto propio.

Esta Secretaría de la Función Pública, con los nuevos lineamientos y el plan de acción que deberá realizar, está en camino de poder transformarse en una comisión autónoma. No es de un momento a otro, como pueda darse esa transformación.

La refundación de la Secretaría de la Función Pública, entre otros muchos cambios, deberá tener cuidado en la selección de sus designados como Órganos Internos de Control en donde pueden encontrarse anidados diversos individuos carentes del criterio y de sanas facultades para ejercer sus funciones.

El recién designado titular en esa delicada tarea, Virgilio Andrade, es reconocido por su inocultable bonhomía y cualidades más que demostradas en sus innumerables debates cuando ocupó el puesto de consejero en el IFE. Es un hombre que sabe remontar obstáculos y adentrarse en la espesura de legislaciones del más diverso orden para encontrar invariablemente soluciones. A lo anterior hay que destacar la imparcialidad y la rectitud que públicamente nos mostró a todos en momentos en que el país parecía bascular en lo cerrado de los resultados en la votación que por estrechísimo margen llevó a Felipe Calderón a la presidencia de la República.

Quizás no sea la solución que hoy necesitamos, pero lo dispuesto el pasado martes en Los Pinos está en el camino que necesitamos.

Twitter: @RaulCremoux

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