Opinión

Escuchar el Quijote

En materia de libros, es posible que nos encontremos en un proceso de transición de gran calado, al pasar de leerlos a simplemente escucharlos. En efecto, desde hace varios años, como es del conocimiento general, están ya en el mercado los llamados audiolibros, es decir, la grabación del texto de las obras literarias, sin ponerlos ni quitarles cosa alguna.

En relación con esta novedad, ha de señalarse que en principio la actual generación no está familiarizada con esta modalidad. Nuestra costumbre es leer, no oir libros. Para probarlo, basta con llevar a cabo un pequeño ejercicio. Pregunte cada quien a personas con verdadero gusto literario qué prefieren, si leer u oir un libro.

Encontrarán que quizá salvo alguna excepción, todos preferirán el modo tradicional de leer los libros y no de escuchar su contenido leído por otros; como que se capta y disfruta mejor por la vista que por la vía auditiva. Además, según parece, porque los humanos tenemos hoy mejor memoria visual que auditiva.

Pero no siempre fue así. En su libro clásico sobre el tema titulado Entre la voz y el silencio. La lectura en tiempos de Cervantes, la filóloga Margit Frenk demuestra con abundancia de referencias históricas que fue en los tiempos de la publicación de El Quijote, a principios del siglo XVII, cuando tuvo lugar el proceso de transición de una forma de conocer los textos literarios, a otra notoriamente diferente. Se pasó entonces de la lectura en voz alta y en grupo, a la lectura individual y en silencio.

Conforme a los resultados de su amplia investigación, Margit Frenk afirma que “todo eso que hoy llamamos literatura y que leemos a solas y en silencio, en el Siglo de Oro (el de la publicación de El Quijote) solía entrar por el oído y constituir un entendimiento colectivo” (ob. cit., p. 73). Aun en los casos en que se realizaba a solas, de manera individual, está demostrado que solía hacerse en voz alta, salvo verdaderas excepciones, como la del mismo Cervantes, quien leía en silencio.

A lo anterior obedece, según Frenk, que “los capítulos del Quijote rara vez son largos y tienden a una extensión uniforme…se diría que… estaban planeados así en función de posibles lecturas orales, pues en ellas era importante no cansar a los oyentes” (p. 62)

Pues bien, desde hace algunos años está en el mercado un audiolibro de El Quijote. Fue grabado con la voz de cinco actores españoles y su texto íntegro está comprendido en 37 discos compactos, cuya duración total es de 40 horas y 20 minutos. Esto significa que si fuera posible escucharlos de manera continua, en menos de dos días se tomaría conocimiento auditivo de lo que a Cervantes llevó crear y redactar quizá no menos de 15 años.

Si en lugar de escucharlo se lee El Quijote, ¿cuánto tiempo se lleva su lectura? Según dice en broma el propio Cervantes casi dos horas, de acuerdo a la interpretación que algunos críticos hacen de un pasaje contenido en el capítulo 9 de la primera parte de la inmortal novela.

Si a algunos, por lo extenso del libro, pues comprende alrededor de un millar de páginas, les resulta muy difícil o de plano imposible leer El Quijote, entonces adelante con la escucha del audiolibro. No deja de resultar paradójico que la modernidad y el avance tecnológico, por la causa que sea, nos regresen cuatro siglos atrás en el tiempo.