Opinión

Escribir y militar

 
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Laura Esquivel.

El suplemento R. Forma y Fondo le ha dedicado su portada a la escritora y militante Laura Esquivel: “Una escritora a la Cámara”. Cuenta Octavio Ortega, autor de la entrevista y el perfil de la militante y escritora (el orden de los factores, etcétera) que un día Martí Batres le habló por teléfono “para decirle que la tómbola la había ubicado como propietaria en el sexto lugar de la Cuarta Circunscripción”.

La lectora y el lector lo saben: Morena rifa sus candidaturas. Como lo oyen, la tómbola le dio a Laura Esquivel una candidatura plurinominal. Caracho: así es el azar, cuando menos te lo imaginas, ¡zaz! El azar, anjá. Gamés se enteró en estas páginas de que Laura se despierta a las cinco de la mañana y se dirige a una oficina cercana a su casa de Coyoacán para concentrarse en la escritura. Termina a la una y media de crear. No se lo tomen a mal a Gilga, pero con razón alguna vez sintió que las páginas de esa obra estaban un poco desmañanadas.

Pues como les iba diciendo Gamés: cuando Batres llamó a Esquivel para decirle que el azar la había elegido, ella le respondió que no tenía tiempo para hacer campaña, pero Batres la persuadió y ella aceptó la candidatura. La republica de la esperanza, o sea Morena, necesita a sus mejores hombres y a sus mejores mujeres.

“A nivel literario tengo mis compromisos, tengo mi vida, tengo mi camino. Yo podría quedarme ahí tranquilamente, pero ¿por cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo más me va a durar el país? ¿Cuánto tiempo voy a poder estar sentada ahí escribiendo si afuera va haber una violencia incontenible? Yo no puedo estar cruzada de brazos y sentada, gozando de una cierta comodidad, no se puede cuando uno tiene responsabilidad social como ser humano”.

Nivel humano

En un gesto casi histórico, Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: aquí hay complejidades. A nivel humano, Gil no entiende algunas formas de pensamiento (¿así se dice?). Las preguntas de Esquivel le ponen la gallina de piel, o como se diga: ¿cuánto le va a durar el país a Esquivel? Dioses, el país ha durado ya algunos años y nadie sabe si le ha llegado la hora de desaparecer, el problema es que si desaparece, los mexicanos también pasarán a ser parte de la extinción. Como diría ese líder que seguramente admira Laura Esquivel: ¿Qué hacer?

Ahora mal: ¿cuánto tiempo estará sentada doña Laura escribiendo mientras afuera todo lo arrasa la violencia? Otra pregunta sin respuesta. Nadie lo sabe: ¿cuatro horas? ¿dos días? ¿un año? ¿Y la responsabilidad social como ser humano? A Gil le gusta la responsabilidad social inhumana, pero si es inhumana, ¡qué!, Esquivel afirma que no se quedará cruzada de brazos gozando de cierta comodidad.

Regalías

Gil afiló el lápiz y lo mojó con la punta de la lengua (no empiecen). Oigan esto: Como agua para chocolate ha vendido siete millones de libros. Por cada ejemplar le han pagado a doña Laura 10 por ciento del precio de cada volumen, pago universal por derechos de autor. Como dirían los economistas: vamos a suponer que por cada libro vendido en buena ley ella haya recibido diez pesitos, es un decir, no vamos aquí a hablar de dólares y euros, diez pesitos por siete millones, si Pitágoras no miente dan un total de unos 70 millones. Todo esto sin poner en la canasta los contratos cinematográficos. Pues con la pena, pero su “cierta comodidad” se la compraría cualquier militante de Morena.

¿Está mal que doña Laura haya ganado esas cantidades de dinero con su libro histórico? De ningún modo, nada mejor que el éxito que da dinero del bueno. Lo que está como para morirse de la vergüenza “a nivel humano” es que desgarre sus vestiduras haciendo el lamento del país “que no sabe cuánto le va a durar” y que con todos sus defectos le permitió escribir, volverse rica y feliz. La simulación es un veneno que se decanta del alma.

Gamés le desea a doña Laura un éxito rotundo en la Cámara de Diputados. La entrevista de Octavio Ortega es rica en calorías, Gil no traerá más valor energético a esta página del fondo, pero antes de acometer el lunes, día difícil si usted no tiene un mínimo de 70 millones de pesos en el banco, declarará con énfasis que Como agua para chocolate le parece un libro de trivialidad llorona e insufrible; La ley del amor, una novela impresentable y un fracaso monumental, y A Lupita le gustaba planchar, una obra que está contenida completa en el título. La militancia y la literatura sacan chispas, arruinan a las letras y a la vida política. Au revoir.

La máxima de Luis de Bonald espetó dentro del ático de las frases célebres: “No son los deberes los que le quitan al hombre su independencia: son los compromisos”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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