Opinión

Escombros personales: Hasta la vista, baby

10 febrero 2014 5:22 Última actualización 05 agosto 2013 5:10

 
 
Eusebio Ruvalcaba
 
 
1) Duele decir adiós. No importan las razones. Pero luego de 25 años, la separación lacera.
 
 

2) Llegué a la sección cultural de EL FINANCIERO por intermediación de Manuel Blanco.
 

Entre vodka y vodka me comentó: “Llévale una colaboración a Víctor Roura. Acaba de arrancar su sección cultural”. Y así fue. Recuerdo la vez que llegué al periódico. Yo no conocía a Víctor. Le pregunté a alguien y me lo señaló. Respiré hondo y le dije: “Traigo este texto, a ver qué onda”. A lo que él repuso que lo leería. Que le llamara luego de una semana. Cuando lo hice me respondió: “¿No viste la sección? Ayer debutaste”.
 

3) Mi columna semanal —que jamás dejó de aparecer, aunque alguna vez en viernes, y luego y en forma definitiva en lunes— tuvo varios nombres. El primero fue 'Érika', porque es la marca de la máquina de escribir en la que pergeñaba mis artículos, y porque mi hija se llama Érika. Después se intituló 'El león de Érika', y esto aconteció cuando mi hijo de nombre León Ricardo vino al mundo. El tiempo siguió su marcha, y decidí rebautizarla.
 
 
Entonces le puse 'Con los oídos abiertos', porque la música es un elemento imprescindible de mis colaboraciones, y porque recién había yo publicado un libro en Paidós con ese nombre. Y por último acuñé el nombre de 'Escombros personales', nomás por el optimismo que emanan de mis líneas.
 

4) Pero bajo un nombre u otro, una cosa no cambió jamás: el respeto irrestricto de Víctor Roura por mis textos. Jamás metió cuchillo. Nunca de los nuncas me dijo Eusebio esto no puede salir. O bien quítale esto, o añádele esto otro.
 

5) Por alguna razón que no está en mis manos entender, de pronto mis colaboraciones generaban cierta expectación. Por ejemplo, cuando escribí una a la que intitulé 'Chavos fajen, no estudien'. Hubo jalón de orejas al editor de la sección, e indirectamente a mí.
 
 
Reacciones intimidantes de asociaciones vigilantes de las buenas costumbres, retiraron su publicidad; pero en la misma medida reacciones solidarias: Moisés Zurita, director editorial de Molino de Letras de la Universidad de Chapingo, me pidió un libro con ese tema. Y lo publicó.
 
 
6) A lo largo de 25 años se cometen muchos errores, y unos cuantos, contadísimos, aciertos. Quizás entre lo que más valoro de mi participación en la sección cultural de EL FINANCIERO sea la cristalización de la amistad y el amor —más de la primera que del segundo. Hice numerosos, incontables amigos. Era increíble cómo encontraba lectores de la sección en los puntos más inauditos del territorio nacional. Hasta en la selva de Tabasco me topé con un lector, un chimpancé que me leía atentamente. Desde luego que tantas amistades se traducían, y se traducen, en tragos —¿no será esto lo que los guiaba a acercarse a mí? Pero el amor también cuenta, y mucho. De pronto una mujer, de pronto otra, se aproximaba por una caricia, una palabra de cariño, o acaso prodigarme un poco de comprensión y de ternura. (Las que se acercaron para arrojarme una copa de vino en la cara no cuentan. O no esta vez.) Nunca se me olvidará una que, luego de amarme en un hotel de la Portales, me presentó a su marido para que se emborrachara conmigo.
 

7) Ni hablar que esa columna me reveló secretos, como una cartera abultada.
 

8) Pero en la misma medida encomio la versatilidad de la sección, el equilibrio, el envidiado balance. Si algo fue relevante es esta pluralidad de firmas, de temas, de géneros periodísticos que se mezclaban en una extraña mixtura. Y en los cuales se traslucía la crítica por encima de la complacencia. Siempre hubo para todos los gustos, tal como los números monográficos de los aniversarios. Que iban de la fachada favorita a la fiesta de XV años, del cuento de autor a las contradicciones del bicentenario.
 

9) Y eso para no hablar del lenguaje. Que Víctor siempre ponderó —así como la selecta cantidad de lectores de esta sección, bajo cuya égida, hay que decirlo antes de que se acabe el espacio, se creó una institución periodística. Ese lenguaje que finalmente se refleja en frescura, transparencia y claridad, y que fue y es —lo que dure— el eje toral de la sección.
 
 

10) Gracias por tu generosidad, Víctor. Siempre creí que ibas a decirme que te habías equivocado y que me fuera. Gracias por tu hombría y tu ejemplo. Aprendí mucho de ti.
 
 
Palabras y actitudes. Congruencia y valentía. Arrieros somos y en el camino andamos. Como siempre, nos espera la bendición del alcohol. Adiós y fue un placer. Ya nos toparemos en el infierno. Con viejas o sin viejas. Pero siempre con la Virgen Stolisnaya velando por nuestra salud. Hasta la próxima.