Opinión

Escocia, cuenta regresiva

Todos los hogares en Escocia reciben propaganda de la campaña “Yes Scotland” (Sí Escocia) que promueve la independencia del Reino Unido de la Gran Bretaña, nombre oficial del país al cual hoy está integrada Escocia, aunque en las calles de Aberdeen se habla de “independizarse de los ingleses”. La campaña utiliza diferentes estrategias para convencer a los votantes de que sus condiciones de vida serían mejores con una Escocia independiente. Los volantes del más reciente fin de semana le dicen a los electores:  ¿qué te parecería vivir en uno de los países más ricos del planeta? Con esa frase en forma de pregunta, lanzan una serie de afirmaciones que pretenden sustentar una Escocia con un PIB (Producto Interno Bruto) no solamente superior al del Reino Unido, sino al de Francia e incluso al de China.

El movimiento proindependencia está encabezado por el primer ministro escocés Alex Salmond, quien sostiene que cada ciudadano recibiría el equivalente a mil 600 dólares en beneficios, ahorros fiscales y prestaciones sociales de ganar el “SÍ”.

Por el contrario Alistar Darling, líder de la campaña “Mejor juntos” que sostiene el beneficio de permanecer unidos a la Gran Bretaña, afirma que los residentes en Escocia perderían dos mil 300 dólares anuales en beneficios en caso de separarse.

Estos fueron dos de los principales argumentos en su más reciente debate televisivo la noche del lunes en el canal nacional de Escocia.
Los cálculos de los independentistas se basan en las cifras que publica la OCDE respecto a la productividad, el Producto Interno Bruto per cápita y otras variables que analizan el desempeño de muchas economías en el mundo. Son cálculos “alegres” diríamos en México, porque los que promueven la independencia calculan un PIB per cápita de los escoceses incluyendo el petróleo británico del Mar del Norte.

Escocia es una nación rica en múltiples productos, pero sobretodo posee una población no muy numerosa. Eso hace que los múltiplos del producto nacional se dividan entre menos personas y alcance un promedio más elevado. Pero como ha señalado Darling en el debate televisivo, el primer ministro Salmond no responde con claridad temas delicados y sensibles como la moneda, el petróleo, la deuda nacional de Escocia y las membresías a la Unión Europea y a la OTAN. En lo único
–hasta hora– que han sido extremadamente claros es que devolverían las armas nucleares británicas que se encuentran en una base en Escocia.

Sería difícil como independientes utilizar la libra esterlina, mientras que para poder usar el euro, tendrían que formar parte de la Unión Europea (UE), argumento que ya ha adelantado el señor Barroso en sentido negativo. Si Escocia pretende integrarse a la UE como nación independiente, tendrá que formarse en la fila de los Estados que solicitan su adhesión desde hace años.

Francia guarda antiguas e históricas razones de empatía y alianza con Escocia. Empezó todo hace muchos siglos en la Edad Media y después de la Guerra de los 100 Años, en que de forma natural forjaron una alianza militar en contra de Inglaterra. Por siglos, esa simpatía ha permanecido en muestras culturales, regiones y apellidos que “hermanan” a Escocia con Francia. Sin embargo, en este delicado caso de su independencia, Francia retira toda simpatía o apoyo a los separatistas. Lo que menos necesita en el mapa de la UE y ante una cada vez más poderosa Alemania, es a una Inglaterra debilitada por la separación de Escocia.

El referéndum está previsto para el 18 de septiembre. Es el primero de una serie de eventos que cuestionan el futuro y fortaleza de los movimientos independentistas europeos, donde se suman el de Cataluña y otras regiones en Bélgica, Holanda e incluso Francia.

Las encuestas hoy les otorgan la ventaja a los unionistas, quienes aún desean permanecer como parte del Reino Unido. Esperaremos resultados y sus consecuencias.