Opinión

Escobar: los riesgos de
un nombramiento (y II)

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César Camacho y Arturo Escobar

En junio pasado, el centro de análisis de políticas públicas México Evalúa publicó un diagnóstico del Programa Nacional de Prevención del Delito (Pronaped). “Lo que hoy tenemos es un esfuerzo inspirado en buenas intenciones, pero todavía no es un programa con los componentes necesarios para ser eficaz”, reportó el think tank.

El estudio, que fue fondeado por la Unión Europea, concluye que “el mayor reto del Pronapred es lograr que los gobiernos municipales diseñen acciones de prevención que consideren entre sus componentes principales” resultados medibles, mecanismos de focalización efectivos y transparentes, evidencia contundente y “diagnósticos que sustenten la pertinencia de la acción seleccionada”. Todo el reporte aquí (http://bit.ly/1V4JOZO).

Tocará al pevemista Arturo Escobar, nombrado la semana pasada al frente de la subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana, recoger las recomendaciones de México Evalúa y consolidar el programa al que Enrique Peña Nieto atribuyó en su Tercer Informe (con razón o sin ella) parte de una supuesta baja en las cifras de homicidios. El problema inicial para Escobar no será su desconocimiento de la administración pública (reseñado aquí ayer), ni siquiera su desconocimiento de la materia que le han encargado. De entrada su reto es que su nombramiento ha sido reprobado por organizaciones clave en la discusión de políticas públicas, entre ellas México Evalúa.

En un inusitado pronunciamiento, decenas de académicos y representantes de OSC manifestaron el jueves pasado al secretario de Gobernación que el nombramiento de Escobar “es altamente preocupante para la sociedad civil”.

Escobar deberá ganarse la confianza de quienes le ven, así lo mencionaron en su comunicado, como un violador de la ley electoral cuyo nombramiento “manda una pésima señal, dado que la subsecretaría en cuestión tiene entre sus objetivos promover la cultura de la legalidad”.

Por todo lo anterior, y dado que la interlocución permanente con esas organizaciones es clave para la marcha del Pronapred, vale la pena preguntarse qué incentivo habría tenido el presidente Peña Nieto para, contra toda lógica (por su inexperiencia y por su visión punitiva era previsible que Escobar sería rechazado), enviar al pevemista a esa dependencia. Quizá se deba a que en Los Pinos están pensando en las elecciones de 2018. El programa de Prevención, que a pesar de los recortes contará con una bolsa de cinco mil millones de pesos en 2016, podría funcionar como un doble ariete electoral.

Hasta hoy el Pronapred opera en 73 demarcaciones, en las que se definieron polígonos que abarcan más de mil 100 colonias. Cada acción del Programa (en 2014 hubo más de cinco mil 500 acciones) se acuerda entre la Federación, el gobierno estatal y, lo más importante, los municipios donde se ubican los polígonos.

Los ediles deben presentar sus proyectos. Si este nombramiento tiene segundas intenciones lo sabremos pronto, pues diversos y muy importantes ayuntamientos cambiaron de partido en 2015 y tendrán que negociar con el subsecretario Escobar.

Dado que la capital jalisciense pasó de PRI a Movimiento Ciudadano, ¿le renovarán a Guadalajara el apoyo? ¿Qué pasará en Guerrero?, donde ganó el PRI. ¿Consentirán a más ayuntamientos en la verde Chiapas? ¿Forzarán la inclusión de alguna de las delegaciones obtenidas por el PRI en el DF? En pocas palabras, ¿con qué metodología operará Escobar el reparto de apoyos? ¿Atendiendo a lo que pide México Evalúa o pensando en 2018? Por aquello de que supuestamente ya está dando buenos resultados, el Pronapred podría ser pretexto para hacer proselitismo. ¿Veremos una campaña con la marca del Verde ahora sobre Prevención? Sería terrible que Escobar lucrara con la violencia, es decir, sería terrible que hiciera de las suyas.

Twitter: @SalCamarena

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