Opinión

Escenario previo a lo que nos espera el domingo

 
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Material electoral. (Instituto Nacional Electoral)

Debiéramos comenzar preguntándonos qué tan acertado ha sido reunir en una sola fecha los comicios de 13 estados en los que se resolverán 12 gubernaturas y mil 365 cargos locales en disputa.

Nuestra democracia, nutrida desde hace un siglo de todo tipo de irregularidades, trampas, fraudes, trapacerías e incluso de acciones violentas que en no pocos casos culminó con muertes, se enfrenta hoy a retos tan variados como los colores del arco iris.

La forma en que ahora se llega al poder ha tenido un salto espectacular.

Antaño, lo que vivíamos en los procesos electorales era tan sólo el escuálido transcurso en que la decisión suprema se legitimaba en las urnas. No había sorpresas, de antemano sabíamos que el elegido en Palacio Nacional invariablemente resultaría vencedor.

Ahora la incertidumbre es un factor que le da vestido y color a numerosas elecciones, sean éstas para alcaldes, gobernadores y hasta la presidencial como vimos en 2006 y 2012.

Desglosados los datos básicos, nos encontramos con que la población ha sido bañada por más de seis millones de spots gratuitos para los partidos políticos y el costo aproximado de ello es de siete mil 364 millones de pesos. ¿Qué aportó esto a la democracia mexicana? Prácticamente nada. Si los jóvenes que van a votar por primera vez
–aproximadamente cerca de ocho millones– basan sus preferencias en lo que han escuchado y visto en radio y televisión, es altamente probable que lo hagan por quien ha encendido el llamado 'mal humor social': López Obrador.

Un dato singular que ha dado a conocer el INE es la erogación directa del Estado a los partidos políticos: dos mil 233 millones de pesos. A ello habría que agregar una suma desconocida proveniente del Banco de México cuando revela que, en épocas de elecciones, aumenta el flujo de capital en efectivo. Es decir, hay un efecto temporal de 33 mil 165 millones por encima de la circulación. No hace falta explicar que parte de esa suma está destinada a romper los topes autorizados a los gastos de campaña.

Cierto, la democracia mexicana es carísima y la comparación de costo por persona está por encima de lo que gastan países desarrollados con población menor como Alemania, Inglaterra, Canadá; o superior como Estados Unidos. Por supuesto, la erogación es hasta siete veces mayor con países como Argentina, Colombia o Perú.

El contenido de las campañas tuvo especial cuidado en nutrir de brochazos de lodo a los rivales y en consecuencia recibir también gruesas toneladas de basura en las que abundaron las quejas, los insultos, las intrigas y las estrategias para descabezar al opuesto.

De este modo nos enteramos que en todos los partidos hay, o se dice que ahí encuentran cobijo, farsantes, timadores, quienes han amasado fortunas al amparo de sus puestos públicos, asaltantes de ignorantes y embaucadores ansiosos de obtener canonjías en los puestos a los que aspiran. ¿Cómo evaluar a los aspirantes a los más de mil 365 cargos; quiénes cuentan con verdaderos perfiles de servidores y quiénes tienen abierto el apetito para llegar al botín?

Dificilísimo, por no decir imposible, que la ciudadanía lo sepa cuando entre nosotros hay un aluvión de información. Si años atrás carecíamos de ésta, hoy vivimos bajo una tormenta de chismes que despliegan las redes sociales, los diarios, las revistas, las emisoras de radio y los canales de televisión. No hay emisora que no tenga al menos cuatro noticieros diarios y un sinnúmero de cápsulas y reportajes pagados o no. Esto no significa que estemos mejor informados.

Estamos saturados, hartos y cansados de escuchar voces que se regocijan en el lugar común, la lista de frases huecas, de expresiones sin sentido es el menú de todos los días. Todo esto con frecuencia va acompañado de la risotada. El simplismo es el vector fuerza y el número de expertos en análisis político ya rebasa varios centenares.

El escenario es un gigantesco mosaico que imposibilita la capacidad de reflexión para caer invariablemente en la superficialidad. Así, con opacidad en lo realmente importante, invadidos por retruécanos de escándalos, corrupción y sin tener conocimiento real de los candidatos, iremos el domingo a votar. Ya podemos prever los resultados.

Twitter: @RaulCremoux

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