Opinión

Escándalos bochornosos

 
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Corrupción Pemex

En una semana fuimos testigos de tres sucesos que, concatenados, nos ofrecen un triste panorama de corrupción, vínculos con el crimen organizado y lamentable utilización de las instalaciones de la Cámara de Diputados para encubrir a funcionarios investigados por graves delitos.

Nos referimos a la detención del fiscal general de Nayarit, Édgar Veytia; a la fuga del exgobernador de Chihuahua, César Duarte, quien ya cuenta con una alerta roja por parte de la Interpol; y al bochornoso episodio de Antonio Tarín, exfuncionario del gobierno de Duarte en Chihuahua, quien se mantuvo 'culto' 28 horas en la Cámara de Diputados bajo el pretexto de que protestaría como diputado federal, mientras evadía una orden de detención.

El jueves 30 de marzo apareció como nota principal de la mayoría de los periódicos mexicanos la detención en San Diego, California, del fiscal general de Nayarit, Édgar Veytia, conocido como El Diablo, integrante del primer círculo del mandatario priista Roberto Sandoval, quien dejará el poder este año.

Veytia es acusado por una Corte de Nueva York de producir, distribuir e introducir cocaína, metanfetaminas, heroína y mariguana en Estados Unidos. Fue detenido por agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza cuando intentaba cruzar la garita de Tijuana, rumbo a San Diego, California. La orden de aprehensión en su contra fue girada por la jueza Marilyn G. Do.

Veytia es también conocido en Nayarit como El Diablo y fue jefe de la policía de Tepic entre 2008 y 2011, cuando el alcalde fue también el actual gobernador priista Roberto Sandoval.

Su vínculo con el Cártel Jalisco Nueva Generación se comenzó a ventilar públicamente en 2016, cuando los hijos de Julián Venegas Guzmán, compadre de El Chapo, acusaron al fiscal de encubrir el secuestro de su padre. Veytia tenía bajo su mando a los miembros de la policía estatal, de todos los elementos de las policías y se le temía por sus amenazas.

El caso de Veytia abre flancos de sospecha y presunta narcocorrupción. El gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez, El Bronco, admitió que el fiscal detenido es su compadre y aclaró que “no soy responsable de las malas acciones que alguien haga, pero tampoco lo quiero juzgar”.

El mandatario regiomontano, quien triunfó bajo el argumento de ser un candidato 'independiente' que iba a enfrentar la corrupción heredada de su antecesor priista Rodrigo Medina, ahora aparece bajo la red de relaciones de un presunto narcofiscal. Conviene revisar si el dinero de apoyo a su campaña provino o no de esta red del crimen organizado de Nayarit.

Por otro lado, el gobernador nayarita Roberto Sandoval quiere hacernos creer que toda la corrupción de su colaborador de mayor confianza se realizó sin que él se enterara. Nosotros hemos pedido en el Senado que Sandoval sea investigado y renuncie a su cargo.

Estamos en la antesala de desentrañar otra red de cleptocracia tan grave como la de Javier Duarte, en Veracruz, y la de César Duarte, en Chihuahua. Ahora, el mandatario chihuahuense no sólo comparte el mismo apellido con su amigo de Veracruz, sino también el destino: ambos se fugaron de la justicia.

La fuga de César Duarte ocurrió en el peor momento del mandato de su sucesor Javier Corral: después del artero asesinato de la reportera Miroslava Breach, quien investigaba precisamente los vínculos de funcionarios del exmandatario priista con empresas de lavado de dinero en la industria del agua.

Uno de los excolaboradores de César Duarte es Antonio Enrique Tarín García, exdirector de Adquisiciones en las secretarías estatales de Hacienda y Salud. Tarín García es acusado por la Fiscalía de Chihuahua como parte de la red de corrupción que llevó a la detención de tres funcionarios de Duarte (Javier Garfias, Gerardo Villegas y Ricardo Yáñez) desde el lunes pasado.

Con el apoyo de la bancada del PRI, Tarín García inventó un peculiar método para huir de la justicia: se presentó en San Lázaro para tomar protesta como diputado federal en lugar de Carlos Gerardo Hermosillo, quien falleció en un accidente automovilístico. Lo hizo mientras había una orden de detención en su contra.

Tarín García se ocultó en la Cámara de Diputados hasta que le llegó un amparo que le permitió evadir a la policía ministerial.

Frente a estos escándalos tal parece que sólo a través de la intervención de la justicia norteamericana y no de la mexicana es como nos enteramos de las dimensiones de los escándalos de corrupción.

La autora es senadora de la República.

Twitter: @Dolores_PL

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