Opinión

¿Es suficientemente profunda la reforma energética?

13 agosto 2013 5:10

 
 
Ayer tuve oportunidad de conversar con el director general de Petróleos Mexicanos, Emilio Lozoya.
 
 
Le pregunté si la reforma energética, con las características que ayer se conocieron y que se basan en el concepto de utilidad compartida, sería suficiente para atraer a los inversionistas interesados en el sector petrolero.
 
 
Lozoya está seguro de que el cambio constitucional es el necesario para conseguir el interés de numerosas empresas nacionales y extranjeras.
 
 
Permítame darle contexto a este cuestionamiento.
 
 
Algunos empresarios pensaban que era factible avanzar en el sector petrolero a un régimen semejante al que hay en las minas. Es decir, el Estado es el propietario de los minerales pero entrega en concesión su explotación y recibe un derecho a cambio de ello.
 
 
Se pretendía que en todo caso, la diferencia en el ámbito petrolero fuera el monto de ese derecho.
 
 
O bien, si ese esquema no era el que quedaba, entonces, que pudiera haber uno en el que el inversionista recibiera como remuneración un cierto volumen de crudo o gas, en función del éxito del proyecto en el que hubiera participado.
 
 
No quedó ninguno de los dos.
 
 
Sin embargo, el esquema de utilidad compartida permitirá la remuneración en dinero de una cantidad que se determinará en función del éxito del proyecto. Es decir, no hay petróleo o gas de por medio, pero sí un monto de recursos equiparables a un cierto volumen de hidrocarburos.
 
 
Ayer, el director general de Pemex ya tuvo contacto con inversionistas y su percepción –era de esperarse desde luego- es que les resulta satisfactorio el esquema. Hay otra duda que ha surgido por aquí y allá entre las empresas. Se trata de si será factible que las empresas que eventualmente participen en un proyecto exploratorio en México podrán anotar en sus estados financieros el valor de las reservas que detecten.
 
 
La respuesta directa es que no. Sin embargo, lo que sí podrán anotar es un estimado del valor de los flujos de dinero que van a recibir en función de los términos del contrato al que hayan llegado con Pemex.
 
 
Hay varias preguntas que no pueden responderse en este momento porque no corresponden al texto constitucional que se propone reformar sino más bien a las leyes secundarias que también deberán modificarse.
 
 
Sin duda, esta reforma se trata del mayor avance de la historia en cuanto a la posibilidad de que el sector privado invierta en los hidrocarburos.
 
 
Se trata también de una reforma políticamente posible.
 
 
El gobierno de Peña tuvo un gran acierto cuando asoció el nombre de Lázaro Cárdenas a la propuesta.
 
 
Desde hace años, Enrique Hidalgo, hoy CEO de Exxon en México, refirió ampliamente la reforma de la ley reglamentaria del 27 Constitucional de 1940, que reguló la participación privada en los llamados contratos-riesgo.
 
 
Habrá muchos que señalen que al paso de los años, Cárdenas cambió su opinión y estuvo en contra de ellos.
 
 
Y tienen toda la razón. Pero eso no impide que se pueda reivindicar como originaria de Lázaro Cárdenas una ley que permitía hace más de 70 años lo que hoy se busca.
 
 
Con este discurso, el gobierno se asegura que la oposición a la reforma se tope con el 'Tata', con todo y que algunos vayan a tener opiniones diferentes.
 
 
Es probable que en la confección de la reforma, se haya sacrificado un cierto nivel de profundidad, con objeto de asegurarse que los términos en los que queda resulten políticamente aceptables, no para el PRD, que ha externado su rechazo, sino más bien para el PRI.
 
 
Todo indica que en cuestión de meses se habrá concretado, con todo y leyes secundarias, una de las reformas que van a marcar un antes y un después en la historia del país. 
 
 
 
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