Opinión

¿Es posible terminar
con la pobreza extrema
en una década?

 
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Indigentes

La semana pasada el Coneval dio a conocer la información sobre la pobreza multidimensional correspondiente a 2016. Los números a nivel nacional y para la mayoría de las entidades federativas son positivos, particularmente en lo que se refiere a la pobreza extrema.

No es el caso si analizamos la pobreza con la cifra más agregada y, menos aún, si nos concentramos en la pobreza moderada. En el primer caso, cinco entidades federativas tienen mayores porcentajes de pobreza que hace seis años y en diez el número de pobres es mayor que en 2010, lo cual es una desgracia después de tantos recursos federales y locales invertidos; si ponemos la lupa en la pobreza moderada la situación se magnifica: la pobreza moderada paso de 34.8 por ciento en 2010 a 35.9 por ciento en 2016 y en términos absolutos creció en 4.4 millones el número de pobres en este segmento, de 39.8 en 2010 a 44.2 millones en 2016.

Puede ser que este resultado adverso tenga que ver con no hacer ningún ajuste a las cifras de ingreso captadas a partir de la ENIGH y que bueno, por tanto, que se continúe la investigación iniciada por el Inegi para utilizar información adicional a las encuestas, como los registros del SAT y las Cuentas Nacionales, para medir mejor el ingreso. Aún así, debe llamarnos la atención que tengamos más pobres en 2016 que en 2010 (53.4 millones vs. 52.8 millones).

En materia de pobreza extrema, por concentrarnos en la cifra más dura y mejor captada con la información de la ENIGH, llama poderosamente la atención la heterogeneidad de la situación en nuestro país. Con menos de 2.0 por ciento de pobreza extrema aparecen Nuevo León, Baja California, Baja California Sur, Jalisco y la CDMX. En contraste, tenemos tres entidades federativas con cifras mayores a 20 por ciento: Oaxaca, Guerrero y Chiapas. Si a esas tres entidades federativas les sumamos la pobreza extrema del estado de México y Veracruz, tendríamos 62 por ciento de los pobres extremos del país.

El presidente Enrique Peña Nieto señaló en su mensaje con motivo de su Quinto Informe de Gobierno que la pobreza extrema puede ser erradicada en menos de una década; yo pienso que no es posible, si seguimos haciendo lo mismo que hasta ahora. Por un lado, información del Coneval indica que si analizamos la evolución de la pobreza en materia de ingresos seguimos igual que hace doce o catorce años, no hemos avanzado nada; por el otro, el mismo Coneval, como la Auditoria Superior de la Federación, han señalado en muchas ocasiones los problemas de duplicidades e insuficiencias en los miles de programas existentes en la federación y los gobiernos locales. No hemos alcanzado una política social integral después de tantos años y tantas administraciones públicas; y así es muy complicado tener mejores resultados en el combate a la pobreza.

Nota adicional. Previo a la presentación de los resultados del Coneval, el Inegi publicó los resultados de la ENIGH 2016, así como los elementos para dar continuidad a la información histórica publicada en ejercicios anteriores, ya que se trata de una nueva serie, con una muestra significativamente mayor y mejoras en el operativo de campo.

El ejercicio es correcto y muy común en materia de estadísticas oficiales cuando se realizan mejoras en la captación o procesamiento de la información para reflejar mejor la realidad. Cada vez que se realiza el cambio de año base para calcular el PIB, por ejemplo, es necesario realizar un proceso de retropolación para que las nuevas estimaciones sean comparables con las anteriores.

Cuando se cambia la metodología para captar la información sucede lo mismo. Hace algunos años la OIT cambió la forma de estimar la ocupación en el sector informal y hubo necesidad no sólo de actualizar los marcos conceptuales, sino también producir una serie histórica que permitiera analizar la ocupación informal en el contexto de un periodo más largo de tiempo.

Lo mismo sucedió cuando se modificó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que elevó la edad legal mínima para trabajar de los 14 a los 15 años, y por tanto los tabulados sobre la población económicamente activa tuvieron que cambiar y con ello la necesidad de dar elementos retrospectivos para realizar comparaciones históricas. Un cambio mayor se da cuando Conapo realiza la conciliación demográfica como parte de las proyecciones de población y revisa las estimaciones de población para años previos. En este contexto lo que hizo el Inegi corresponde a una institución seria y responsable.

* El autor es profesor asociado del CIDE.

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