Opinión

¿Es posible cambiar?

    
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En esencia las personas no cambian radicalmente. (Shutterstock)

Si el cambio se entiende solo como la conducta observable, la vida interna y sus complejidades es irrelevante. Si solo se trata de eliminar los síntomas, mejorar una relación de pareja, la vida sexual, disminuir la ansiedad o refinar la capacidad para expresar el enojo, entonces todos debemos someternos a programas de cambio conductual y listo, se acabó el problema. Malas noticias: el cambio psíquico no funciona así.

“Nadie cambia” es una frase hecha y desoladora. Porque si somos entes inmóviles que serán siempre los mismos a lo largo del tiempo, entonces la vida también es estática y no es posible cambiar el rumbo marcado por la infancia.

Los filósofos presocráticos expresaron ideas sobre el cambio: Parménides pensaba que cambiar era imposible, que el ser era inmóvil y que si cambiaba, se convertía en otra cosa, cambiaba de identidad. Hoy sabemos que la gente puede cambiar y conservar su identidad.

Para Heráclito “todo fluye y nada está en reposo, no podemos bañarnos dos veces en el mismo río. No hay cosas inmutables sino cosas en proceso, así, todas las cosas aparentemente estables, se hallan realmente en flujo, a veces invisible”.

Estos conceptos son mucho más cercanos a la idea que la psicoterapia de orientación dinámica tiene de la mente: algo que se encuentra en un estado de movimiento ininterrumpido, en cambio.

Los pacientes se desesperan porque se aburren de sus síntomas. Piensan que yo me aburro también. Tardan en comprender que el cambio psíquico toma tiempo y que suele anteceder el cambio de la conducta.

Los pacientes quieren que su ansiedad amaine, desarrollar su capacidad de amar, flexibilizar su forma de defenderse del mundo. Para que estos procesos ocurran, la estructura de la mente debe modificarse primero y las reglas con las que funciona deben cambiar.

Cuando un síntoma se instala como parte del funcionamiento de una persona, podemos suponer que es derivado de estructuras psíquicas nucleares, que se formaron durante la infancia. Pacientes que sufrieron abandono, desamor, caos y agresión temprana, necesitan más tiempo para sanar y liberarse del sufrimiento, en comparación con pacientes que presentan síntomas que aparecieron más tarde, en etapas secundarias del desarrollo.

Las estructuras psíquicas –las reglas que organizan el funcionamiento mental– cambian lentamente y tienen pautas de continuidad y permanencia. Querer liberarse rápidamente de las partes de la personalidad que lastiman, es un deseo ingenuo y omnipotente. Creer que querer cambiar basta, hace mal. Muchas veces los pacientes se desilusionan porque después de un tiempo, vuelven a sentir las angustias originales y se hace evidente que las estructuras básicas son resistentes al cambio, por eso hay avances y retrocesos en los proceso de terapia, por eso reaparecen los síntomas cuando se abandona una terapia de modo prematuro.

PRAGMATISMO CONTRA PROFUNDIDAD
Los pacientes acuden a terapia porque quieren un cambio observable, pero los psicoterapeutas con orientación dinámica, no deseamos solo metas concretas para los pacientes. Orientarse solo a la eliminación de síntomas, vuelve de la psicoterapia un espacio pragmático, que deja de ser útil para que el paciente se comprenda a sí mismo, se haga cargo de sus conflictos internos, pueda encontrar su yo auténtico y pueda integrar todas las partes disociadas de su personalidad, que lo hacen sentir fragmentado y sin la fuerza necesaria para enfrentar la vida. El espacio terapéutico es el lugar en el que es posible pensar en lo impensable y ser auténtico. Si el terapeuta invita al paciente a asumir ciertas actitudes o conductas, “se convierte en un dictador, aniquila la esencia del proceso terapéutico e impide el cambio auténtico”.

Si la tendencia social y cultural exige resultados rápidos y observables, la terapeuta tendrá que afirmar su vocación contracultural, porque sabe que las modificaciones externas de la conducta (la desaparición de los síntomas) no es evidencia incontrovertible de la reorganización de la estructura mental y de un verdadero cambio psíquico.

La psicoterapia debe convertirse con el tiempo en una relación profunda, basada en la confianza, comprensión, aceptación, búsqueda de la verdad, sinceridad y tolerancia. Un vínculo así solo es posible después de un tiempo razonable y una vez que el paciente no sienta más la necesidad de aparentar, de defenderse y sea capaz de decir lo que piensa y de escuchar lo que la terapeuta quiere decirle.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Se dedica a la consulta privada y a dar conferencias sobre bienestar emocional.

Twitter: @valevillag

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