Opinión

¿Es posible amar a un banquero?

 
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Banorte

Siempre hay historias adversas de la banca. Las más dóciles tienen que ver con clonaciones de tarjetas y la intervención del banco para resarcir al cliente. Pero también hay graves. Últimamente se dice que en Hacienda y en Banxico detectaron operaciones masivas de arbitraje para aprovechar las subastas de dólares que estuvieron vigentes hasta hace poco. Es decir, instituciones que apostaban a cierta posición cambiaria, ganando millones a sabiendas de que Banxico colocaría dólares. 400 millones para paliar la volatilidad. Imposible comprobarlo, pero no suena descabellado. Por eso suspendieron las subastas, se dice.

Lo que no ha ocurrido todavía es que, a pesar de que el crédito ha crecido a tasas hasta cinco veces mayores que el PIB, de que muchas empresas han obtenido financiamiento barato, y de que millones han tenido acceso a crédito hipotecario, de nómina y de consumo, la gente quiera a los bancos. Es una paradoja.

El comité de crédito Pyme de la ABM informó que la derrama crediticia para las Pymes superó 36 mil millones de pesos en 2015. A su vez, el comité de crédito hipotecario aplaudió el Sistema Maestro de Avalúos. Hoy es infinitamente más fácil cambiarse de banco si tu crédito hipotecario apesta. Pero es curioso que, a pesar de esas tendencias positivas, aún no se detecta euforia del cliente hacia sus bancos.

Cuando uno habla con el CEO de una empresa hotelera, de productos de consumo, de tecnología o turística, una de las más constantes respuestas que se escucha es que el grado de satisfacción que logran alcanzar puede llegar a ser tan alto, que los clientes les profesan una lealtad inquebrantable. Es una especie de amor apache. Ahí están Apple, Samsung, Netflix, Starwood, Dove, Colgate, y mil más. ¿Por qué esto aún no les ocurre a los bancos?

Los banqueros insisten en un discurso de tres pilares en esta Convención: aplaudir la disciplina macroeconómica del gobierno; resaltar las bondades de México como mercado (“oasis”, le dijo Héctor Grisi de Santander a Jeanette Leyva esta semana); y defender su posición como nodo central del flujo de negocios. Todo eso está muy bien, pero los clientes no los adoran. Alguna vez un banquero me dijo, resignado, que es natural que el público los vea como un mal necesario.

Yo creo que esta historia debería cambiar, y que los 46 bancos del país deberían generar pasiones. Los banqueros son nuestros héroes anónimos, pero nadie lo reconoce. Deberíamos de aplaudirles cada mes, como ocurre con la industria automotriz o con las estrategias agresivas de las empresas afiliadas a la ANTAD.

Pero eso no pasa. Los banqueros se merecen un reconocimiento mayúsculo dentro de la sociedad, y prácticamente nadie se los está dando.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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