Opinión

Es la economía

 
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Puebla. (Reuters/ Cuartoscuro)

Huachicolero. La palabra refleja, como ninguna otra en tiempos recientes, el estado de crisis en el que vive nuestro país. Su significado va más allá de ladrón de combustible; es un sustantivo que define con triste claridad la manera en que construimos un México paralelo, que cohabita con la nación en la que creemos estar.

Las denuncias sobre esta actividad no eran nuevas. Incluso al inicio del año, cuando el tema se retomó en horario estelar en los noticiarios de televisión, las respuestas oficiales ni siquiera asomaron la cara, probablemente (pensaron los responsables) porque no era un problema que mereciera atención en ese momento. Al fin y al cabo, supusieron que era uno más de los negocios alternos que construye una sociedad sin oportunidades reales.

Sin embargo, tarde o temprano los vacíos que dejan las instituciones los llenan muchos grupos que nacen y se desarrollan al amparo de la corrupción y de la impunidad. Porque el problema no es técnico, sino social y económico.

Es falso que los mexicanos no tengamos el ímpetu para salir adelante. Sin duda somos emprendedores, pero en sentido contrario. Hemos hecho auténticas industrias de la pobreza, la falta de salud, la educación deficiente y la inseguridad.

La ordeña de combustible es sólo una división secundaria de un sector económico ilegal mucho mayor, tolerado por quienes deberían evitarlo desde el gobierno en diferentes niveles. En un país donde los huachicoleros de todo tipo prosperan, el resto caemos en la ruina.

Twitter: @LuisWertman

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