Opinión

Es hora de volver a Iguala

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Portada del informe del GIEI sobre Ayotzinapa. (Especial)

El informe sobre Ayotzinapa entregado el domingo por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales no es perfecto. No podría serlo. Es el resultado de seis meses de trabajo de cinco profesionales, quienes emprendieron la descomunal tarea de tratar de hallar agujas en ese pajar de más de 115 mil páginas que componían el expediente que recibieron al comenzar, en marzo pasado, su encomienda.

El documento, un tacho de 560 páginas con diversos anexos, es un reporte claro, lógico y meticuloso. Podríamos decir que es un peritaje de la investigación. La cuestión ahora es qué hacemos con él.

Lo obligado es tomar el documento del GIEI para relanzar, de manera simultánea, dos operaciones: la búsqueda de los 43 estudiantes desaparecidos y la investigación sobre lo ocurrido el 26 de septiembre.

Porque las deficiencias de las actuaciones ministeriales de PGJ-Guerrero y de la PGR, reseñadas y documentadas por el GIEI, hacen necesario empezar de cero. Pero de cero; es decir, relanzar (¿vía una fiscalía especial?) toda la investigación, así como la búsqueda de los jóvenes; eso es lo prioritario. Comenzar de cero supone, además y sobre todo, que el gobierno de Enrique Peña Nieto resista la tentación de tratar de justificarse, contradecir, minimizar o socavar el informe.

El reporte del GIEI no debe leerse como una biblia, como una auditoría perfecta. Ni siquiera está redactado en tono de descalificación. No hubo tampoco en la conferencia del domingo, cuando fue presentado, soberbia o petulancia de parte de sus autores. En abono a ese espíritu, el gobierno y la sociedad tienen la pelota en su lado de la cancha: si tantos cabos quedaron sueltos, si tanto quedó por hacerse, he aquí un nuevo punto de partida.

Al menos formalmente, parece que el gobierno ha entendido eso, de ahí que es necesario reconocer que las respuestas de Enrique Peña Nieto y sus colaboradores han sido, más que menos, de apertura ante las recomendaciones incluidas en el informe del GIEI.

Sin embargo, para que este informe resulte de la mayor utilidad debemos aún pasar por una aduana nada menor. Al presentar su reporte, los expertos expresaron, de manera cuasi temeraria, que era su convicción que en el basurero de Cocula no pudo haber ocurrido el fuego donde habrían sido incinerados, según la PGR, los jóvenes desaparecidos.

Como era de esperarse, autores que ya han trabajado en el tema, tanto en la tragedia como en la posibilidad del incendio, han salido ya a cuestionar, debidamente, el peritaje unipersonal en el que se basaron los expertos para concluir la imposibilidad del crematorio al aire libre. Ojalá el debate no se atasque en ese punto, pues sin soslayar ese aspecto, el informe del GIEI es mucho más que esa parte, por más esencial que resulte tal capítulo.

Hay que demandar a Peña Nieto que honre su palabra: dado que el presidente ha reconocido el trabajo del GIEI, ahora debe permitir al grupo de expertos entrevistar a los miembros del Batallón 27 del Ejército a los que no han tenido acceso. La calidad del reporte elaborado por los expertos acredita, más que nunca, la pertinencia de esa solicitud.

Y hay que, sobre todo, ver en este documento el calamitoso reporte de una investigación tan mal hecha como indispensable. Por ende, el hacer justicia a los estudiantes y sus familias pasa no tanto por el grupo de expertos, ellos han cumplido con creces, sino por nosotros, debemos aprovechar la oportunidad y comenzar de nuevo, a partir del informe.

Es hora de volver a Iguala.

Twitter: @SalCamarena

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