Opinión

Es hora de escuchar


 
Una y otra vez oigo la misma crítica del gobierno de Enrique Peña Nieto: este es un gobierno que no sabe escuchar. Este es un comentario que se repite entre especialistas de todas las ramas, desde fiscalistas hasta expertos de la industria petrolera. El Mexico Moment parece hoy más escurridizo que antes porque a veces parecería que este gobierno espera que le sea presentado en bandeja de plata. Hay poca consciencia de cuánta competencia tenemos y de cuántos están más que listos para tomar nuestro privilegiado lugar.
 
El domingo escuché al alcalde de Nueva York Michael Bloomberg hablar de la importancia de que las ciudades se den cuenta de que tienen competencia. Decía él que Londres aprovechará cualquier retroceso de Nueva York que se manifieste en pérdida de seguridad en las calles, infraestructura deficiente, o impuestos excesivos. Hablaba él de la importancia de que las ciudades manifiesten un espíritu atractivo que invite a la gente más emprendedora y exitosa. Las empresas son hoy más globales que nunca y buscan establecerse en sitios propicios para hacer negocio, en lugares gratos para vivir y en los que es posible encontrar gente con educación profesional a la cual puedan contratar. Al igual que las ciudades compiten entre sí, también los países lo hacen. A nivel mundial, nunca había habido más recursos en busca de inversiones atractivas. Sin embargo, es indispensable ponerle la mesa y tomar la competencia en serio.
 
El mundo puede funcionar perfectamente bien sin México. Somos nosotros quienes necesitamos integrarnos a este mundo que está cambiando rápidamente. A este gobierno le hace falta una buena dosis de humildad. Cuando se habla de una reforma energética seguimos pensando que somos capaces de lograr soluciones diferentes y fórmulas mejores que las que existen en otros países. Independientemente de lo poco probable que es que seamos más inteligentes que los demás, tenemos que ser realistas y darnos cuenta de que es infinitamente más eficiente adoptar las mejores prácticas que prevalecen en otros países. Para las grandes petroleras internacionales, un dólar es un dólar. Lo invertirán donde tengan condiciones claras y esquemas que les son familiares. Pedir que sean éstas quienes se adapten a nuestra forma de hacer las cosas resulta, nuevamente, arrogante.
 
 
La reciente reforma fiscal es una colección de mecanismos extraordinariamente complejos e ineficientes que recaudarán mucho menos de lo que se piensa. Nuevamente, este gobierno no está escuchando a empresarios y contribuyentes que resultarán seriamente afectados. El gran riesgo es siempre que nos demos cuenta demasiado tarde de que muchos inversionistas votarán simplemente con los pies, caminando hacia otro sitio en el que encuentren condiciones mejores.
 
 
Necesitamos de un gobierno dispuesto a ser un promotor humilde (la palabra del día) que toque puertas y escuche las necesidades de los grandes inversionistas globales. Se han mostrado dispuestos a doblegarse ante quienes delinquen y obstruyen. Ha llegado la hora de que lo hagan ante quienes merecen mucho más respeto del que están obteniendo: los empresarios.
 
 
En Silicon Valley, por ejemplo, hay enorme apetito por mover capacidad de producción de China a México. Las grandes empresas tecnológicas estadounidenses están hartas del espionaje industrial que proviene de ese país, de la falta de respeto a patentes, y los empresarios californianos están cansados también del largo viaje que tienen que hacer para visitar sus fábricas. Por si fuera poco, México ha desarrollado una extraordinaria reputación por la calidad de sus manufacturas y por el hecho de que nuestro país gradúa más ingenieros cada año que Estados Unidos, Alemania o Brasil. Encuentran que nuestros profesionistas son trabajadores y fáciles de capacitar. Pero, como me dijo recientemente un ejecutivo de este sector, nadie nos ha invitado a México.
 
 
Este es un gobierno que parece empeñado en mantener viejas formas y en ignorar cuánto ha cambiado el mundo en el nuevo siglo. Sigue pensando que es posible comprar la resolución de problemas políticos, como los de la CNTE y el SME, que no es necesario convencer a la población sobre las bondades de las reformas siempre y cuando haya algún partido dispuesto a apoyarlas en el legislativo, y que no es necesaria una interacción directa con los mexicanos. No podrían estar más equivocados. Estamos en un momento en el que la gente ha sido empoderada por las redes sociales, como quedó de manifiesto con Lady Profeco y con la senadora Luz María Beristáin en el Aeropuerto de Cancún. Hoy se colocó en la bolsa neoyorquina la empresa Twitter, que a sólo 7 años de su fundación vale más de 13 mil millones de dólares porque le da foro a 200 millones de usuarios activos en todo el mundo que mandan 400 millones de mensajes diariamente. Muchas empresas del mundo y muchos políticos modernos se dan cuenta de que su mensaje tiene que transmitirse en esos púlpitos virtuales capaces de alcance inimaginable. Mientras tanto, el gobierno de Enrique Peña Nieto insiste en políticas de comunicación social boletineras y obsoletas.
 
 
El momento de México está ahí para ser tomado con valor y audacia. Visto desde fuera, México parece más que listo para asumir el papel que le corresponde por su potencial y por el camino ya andado. Es de enorme importancia que veamos, finalmente, que el desarrollo del país se da apoyado por políticas públicas inteligentes y no a pesar de las decisiones mediocres que estamos presenciando. Bienvenidos al siglo XXI.