Opinión

Es decir

      
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- Miles de estudiantes poblanos, tanto de universidades públicas como de privadas, marcharon por las principales calles de la ciudad como parte de las movilizaciones globales para exigir justicia por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, Gu

Por algún tiempo, hemos aprovechado esta columna para discutir con usted ciertos temas que parecen demasiado generales, tal vez abstractos o incluso absurdos. Creo que no es así, y permítame aterrizar las ideas ahora mismo.

Si mi interpretación es correcta, y el origen de los fenómenos políticos de 2016 no es el rechazo a la globalización o al incremento de la desigualdad, sino la dispersión creada por las nuevas tecnologías de comunicación, entonces no cualquier populista puede ganar elecciones. Esto lo vamos a poder comprobar en los comicios de marzo en Holanda, abril y mayo en Francia, y septiembre en Alemania. Desde ahora parece haber señales de que el discurso antiinmigrante o proteccionista sirve de algo, pero no lo suficiente como para ganar el poder en esos países. En todos ellos hay muchas opciones, no sólo dos (como en el Brexit o en Estados Unidos).

Siguiendo esta misma línea, para las elecciones de México en 2018 no me parece que el populismo simple tenga más probabilidades ahora que en elecciones pasadas. Es cierto que en México la ruptura tecnológica es menos fuerte que en las naciones comentadas, pero no es inexistente. En particular entre jóvenes (es decir, menores de 40 años), no estoy seguro de que la opción proteccionista o nacional-populista tenga mucho éxito.

El gran tema de nuestra política interna, la corrupción, parece que se polariza. Las organizaciones que han impulsado con mucho éxito el Sistema Nacional Anticorrupción son menospreciadas por la izquierda, que ahora descalifica la marcha convocada para este domingo. Me imagino que sólo sus marchas son legítimas, ya ve usted que ellos son superiores a los demás en el tema moral. De seguir así, no podremos enfrentar este problema, se debilitará el sistema y llegaremos a la campaña de 2018 con políticos que querrán utilizarlo en su favor. Ninguno está limpio en esto, pero los escrúpulos no son lo suyo.

Los otros problemas de fondo que tenemos: seguridad, finanzas públicas, escasez de mano de obra de alta calificación, no se prestan bien a la política. Nadie quiere hablar de subir impuestos y, sin eso, nadie puede hablar de mejorar policías, juzgados o cárceles. Mucho menos queremos reconocer que nuestro sistema educativo es tan deplorable que no podemos producir suficientes jóvenes para puestos de dirección.

En esas condiciones, el discurso electoral de 2018 parece que intentará reproducir lo ocurrido en Estados Unidos (apelar a un supuesto pasado grandioso, recriminar a la "mafia del poder" y al enemigo externo, mover las emociones populares). Eso es lo que no creo que prospere. Hay un discurso de oportunidades que también puede construirse alrededor de emociones que me parece que tiene más probabilidades de éxito. Pero el contexto importa: cuántos compiten, quiénes son y cuál es la presión externa (política y económica). Ya lo veremos en su momento.

Por cierto, en el tema económico el asunto de la transformación es mucho más importante que en otras épocas. Insistiría en el tránsito a la producción 'a la medida', la transición energética y la redistribución productiva global como elementos indispensables para plantear el futuro económico del país. Creo que esto está muy lejos de lo que varios potenciales candidatos pueden imaginar, pero eso sólo juega en su contra: este proceso no parece que pueda detenerse. Sé que llama más la atención la 'grilla', quién se reunió con quién, cuándo y en dónde, alianzas y traiciones, spots y giras. Pero atender eso ha distraído a muchos de las corrientes subterráneas que acaban definiendo el proceso político, y que no siempre pueden medirse desde la superficie de las encuestas.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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