Opinión

Es de seguridad nacional

 
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gasolina

Durante las últimas semanas hemos escuchado muchos argumentos favorables a la liberación de los precios de la gasolina. Desde la explicación inicial de la forma en que ha evolucionado la formación de los precios de la gasolina con el objetivo de tener condiciones de normalidad en el mercado, de cómo se pasó de fijar un precio único a fijar un precio máximo y a un esquema donde el precio refleja los costos internacionales y los costos de logística de llevar la gasolina a los lugares de consumo. También escuchamos desde el inicio que el incremento en el precio de la gasolina tenía que ver con el incremento de los precios de petróleo a nivel internacional, la depreciación del peso y nuestra dependencia de las importaciones de gasolina. No coincido en que la gasolina es una de las más baratas entre los países de la OCDE, pero eso lo tratare en otro artículo.

Después el debate se volvió más formativo porque se introdujeron aspectos relacionados con la política fiscal, energética y ambiental. El hecho de que un subsidio a la gasolina promovería un mayor consumo de combustible y por tanto una mayor contaminación, que el subsidio a la gasolina es regresivo porque sus beneficiarios no son los hogares de menores ingresos, que al liberar el mercado se daban las señales correctas a los inversionistas para atraer inversión privada a lo largo de toda la cadena y, quizá el más repetido, que existen mejores alternativas para invertir los recursos públicos que en subsidiar la gasolina.

Las reacciones al incremento en el precio de la gasolina también han sido útiles, porque han reflejado una agenda que el gobierno tiene que escuchar: la corrupción, que supera nuestras peores pesadillas; la incapacidad de volver a Pemex una empresa productiva; los privilegios fuera de lugar de la clase política; los excesos en los gastos en los diferentes órdenes de gobierno y órganos autónomos; sindicatos diseñados para ordeñar las empresas públicas; el costo de nuestra democracia, etc.

Desde mi punto de vista es de seguridad nacional escuchar los argumentos a favor de la liberación de precios como los motivos del enojo social, porque dada la vulnerabilidad de las finanzas públicas, lo que vivimos estos días va a ser el pan nuestro de cada día en el futuro.

No hay forma de financiar los gastos crecientes del sector público sin cargarle la mano a los ciudadanos y la forma más eficiente de hacerlo en un país como el nuestro es por el lado de impuestos al consumo y no habrá forma de llevarlo adelante sin tener éxito en el Sistema Nacional Anti-Corrupción y una reforma, que nadie quiere hacer, a favor de la austeridad en la administración pública.

El autor es Profesor Asociado del CIDE

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