Opinión

Es ahora o nunca


 
Es ahora o nunca. Es lo que dice el economista Jorge Suárez-Vélez en su más reciente libro.
 
El día de ayer escuché en el simposium organizado por el grupo del IMEF de la Ciudad de México la explicación de Jorge en torno a la oportunidad que representa para México la actual coyuntura internacional.
 
El autor es un analista que genera polémica pero sin duda es un experto plenamente acreditado, que sabe de lo que habla.
 
Le resumo su argumento y en seguida le doy mi perspectiva.
 
Dice Suárez que la manera de responder a la crisis financiera internacional por parte de las autoridades norteamericanas, evitando la quiebra generalizada de los bancos y luego inyectando liquidez en proporciones extraordinarias, derivó en buena medida de las lecciones de la crisis de Japón en los 90.
 
Bernanke aprendió que más allá de los problemas que la liquidez causara era necesaria para evitar que se eternizara una recesión y que hubiera “bancos zombies”.
 
El problema es que el lanzar dinero a la economía y meter alrededor de 3 billones (trillions) de dólares adicionales a la economía en los últimos cinco años, bajaron las tasas a cero y crearon una burbuja en los precios de los bonos gubernamentales.
 
La insistente advertencia de Agustín Carstens en el sentido del riesgo de un cambio en la dirección de los flujos de capital, en realidad es el riesgo de que se desinfle esta burbuja y por lo tanto las tasas de rendimiento de los bonos se vayan para arriba.
 
Eso provocaría olas de inestabilidad financiera en el corto plazo pero no modificarían otra tendencia de largo plazo que representa la verdadera oportunidad del país.
 
Estados Unidos se ha perfilado como la gran potencia energética para el final de esta década, en virtud del crecimiento de su producción de hidrocarburos que también ha conducido el precio del gas a menos de 4 dólares por millón de BTUs.
 
Ese hecho será determinante del nuevo despegue manufacturero que tendrá Estados Unidos y que se va a concretar probablemente en el próximo lustro.
 
La industria mexicana está imbricada como la de ningún otro país a la manufactura norteamericana. En eso va a consistir la oportunidad.
 
Sin embargo, si no se concretan los cambios que ha planteado el actual gobierno, corremos el riesgo de que el empuje que dé el jalón manufacturero estadounidense se limite a unos cuantos sectores y empresas.
 
Algo parecido nos pasó en los 90 con el Tratado de Libre Comercio.
 
El reto para México es hacer dos cosas para aprovechar ese impulso.
 Por un lado requiere hacer su reforma energética para que fluya inversión hacia un sector que será crucial para la manufactura local. Necesita haber inversión –privada y pública-en shale gas, shale oil, ductos, petroquímica y electricidad.Pero por otro lado, requiere –ahora sí- asegurarse que el empuje exportador eslabona a proveedores mexicanos en varios niveles, es decir, como el segundo o tercer eslabón de la cadena de provisión de la gran industria exportadora.
 
Y en ese proceso, necesita involucrar a muchas pequeñas y medianas empresas de la manufactura y los servicios, lo que no se hizo cuando la economía creció por el efecto de la TLCAN a finales de los 90.
 
Y para eso se requiere una política muy bien articulada en la banca de desarrollo, en el Instituto Nacional del Emprendedor, en materia fiscal, entre otros aspectos.
 
Tenemos una ventana de oportunidad que quizás se agote en este año en lo que se refiere a las reformas estructurales y quizás haya otro par de años más para que algunas surtan efecto.
 
No creo que sea un ahora o nunca, como lo dice el título del libro de Suárez-Vélez. Pero sí creo que si no aprovechamos la oportunidad, pueden pasar muchos, muchos, años para que los astros se vuelvan a alinear como ahora.
 
Los espero en Twitter: @E_Q_