Opinión

Erwin Lino, el secretario que tuiteó de más

Más nos vale como sociedad no dar vuelta tan apresuradamente a la página a lo acontecido con los mensajes publicados en Twitter por Erwin Lino, el secretario particular del presidente Enrique Peña Nieto.

La historia es conocida pero de cualquier manera partamos de ella. En @Erwin_Lino, la cuenta de tan alto funcionario en la red social de micromensajes, apareció el fin de semana una fotografía de burla a la Selección hondureña. En la imagen, varias personas viajan encima de un avión, en clara referencia a la manera en que miles de centroamericanos, entre ellos muchísimos de Honduras, cruzan México montados en un tren –La Bestia– en su intento por llegar a Estados Unidos. Intento lleno de peligros y donde la muerte ronda cotidianamente. La gráfica publicada tenía este pie de foto: “Llegada de la Selección de Honduras a Brasil”.

Bombardeado de críticas tras la publicación de esa imagen, el funcionario borró el tuit y publicó este: “Mi cuenta ha sido utilizada por alguien ajeno a mí. Ya cambié mi contraseña y mail. Una disculpa por el twitt publicado con anterioridad”.

Lo que pretendía ser un mea culpa ha terminado por convertirse en un nuevo problema, pues no resiste la mínima lógica. No sabemos si lo que dice el señor Lino es cierto, y es difícil decir qué sería más grave, que en su explicación haya mentido o que haya dicho la verdad.

Dar por buena su versión nos obligaría a pensar que una de dos, o alguien hackeó la cuenta de –ni más ni menos– uno de los funcionarios más importantes de este país, o que Lino tiene un cuidado negligente de lo que comunica.

Si lo hackearon (no se rían) ese fisgón pudo haber tenido acceso a los mensajes directos de Twitter que tan importante político pudo haber intercambiado con, por ejemplo, el presidente Enrique Peña Nieto, pues ambos se siguen entre sí. Si ese acceso fue, insisto, ilegal, entonces seguramente Lino ya radicó una denuncia ante la autoridad correspondiente. Y por tanto, obligadamente, será llamado a declarar. Sobra recordar que mentir ante una autoridad ministerial es un delito grave.

Ahora bien, si el acceso no fue ilegal sino simplemente indebido, es decir, que Lino consintió que alguien no apto para el caso tuviera acceso a su cuenta, hay que cuestionar la ligereza con que se manejan los mensajes de un funcionario cuya misión, como su nombre lo indica, es la de los secretos, la de la máxima discreción y confianza. Una falla de ese tamaño seguramente haría cuestionarse si es el personaje adecuado para el puesto.

En todo caso, si hubiera sido hackeado, habría publicado una condena, no una disculpa, como lo hizo. Así que sus palabras lo delatan: él es responsable, no víctima, de lo que se publicó.

Y eso es lo más grave del caso. Porque como ya lo ha advertido Julio Hernández López en su columna en La Jornada, lo publicado por Erwin Lino daría muestra de la ligereza y frivolidad con que se ve desde Los Pinos (por él, ¿y por cuántos más?) el drama humanitario de los migrantes (no sólo extranjeros, sino también mexicanos, cabe apuntar).

El señor Lino ha dejado, además, perfectamente claro por qué el gobierno de Enrique Peña Nieto se negó a recibir a los migrantes hondureños mutilados que vinieron a nuestro país en abril. Ellos pedían aunque fuera cinco minutos con el presidente. En menos de 140 caracteres, Lino reveló lo que valen para esta administración las vidas de esas personas: risas y explicaciones inverosímiles, nada más.