Opinión

Errores y posiciones

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Tasa de crecimiento. (Especial)

Se ha puesto de moda que estudiantes de posgrado revisen y corrijan errores en publicaciones. Hace unos años les tocó a Reinhart y Rogoff, más recientemente a Piketty, y ahora a este escribidor, que gracias al joven Luis Ángel Monroy, estudiante del Colmex, puedo corregir un error de mi colaboración del 1 de abril pasado, “Aclarando cifras”. Decía ahí que el crecimiento entre 1965 y 1986 fue de 1.8 por ciento y a partir de entonces de 1.9 por ciento. Esta segunda cifra es errónea, debe ser 1.4 por ciento.

No incluí entonces las tasas de crecimiento descontando el efecto del endeudamiento, que es la razón por la cual el periodo va de 1965 a 1986. Es cuando la fuente principal del crecimiento es la deuda externa. Primero suavemente, después de forma brutal, y por ello no creo conveniente terminarlo en 1982, como se acostumbra, porque entonces los costos de ese período se trasladan al siguiente. Puede tener ventajas ideológicas para algunos, pero el verdadero cambio en México, me parece, ocurre en 1986, con la entrada al GATT, la diferente orientación en la política económica, el desplazamiento de Silva Herzog del gabinete, la creación de la Corriente Democratizadora en el PRI, etcétera.

De hecho, si incluimos la deuda en el cálculo del crecimiento (porque al ser deuda externa es un crecimiento artificial), entonces en el periodo 1965-1986 el crecimiento resulta negativo, y de 1986 en adelante se eleva a 2.2 por ciento. Esto significa que aun corrigiendo el error, las conclusiones se mantienen: en los gobiernos de Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo nos sostuvimos en un endeudamiento creciente. Eso incrementó artificialmente el crecimiento durante esos años, y redujo el reportado en los siguientes, porque había que pagar.

El endeudamiento externo tiene ese efecto. Se trata de recursos que se suman al valor agregado nacional, pero que en algún momento deben devolverse, y con intereses. Cuando llega el momento de pagar, todo mundo se queja, y compara negativamente su situación con la vivida antes, aunque claramente la anterior pareció buena precisamente por el endeudamiento. Si tiene dudas, vea lo que ocurre hoy en Grecia.

No cambian las conclusiones, pero es preferible reconocer y corregir los errores, en este caso numéricos. La otra discusión, la de los períodos y el efecto del endeudamiento, es más complicada, y va contra la versión reinante en la academia. Pero por eso esta columna se llama “Fuera de la caja”, porque el conocimiento se construye con dudas, no con inmutables certezas, sea que provengan del clero, el gobierno o la academia. Es difícil que las dudas provengan del mismo espacio que genera la ortodoxia, como bien saben los sociólogos de la ciencia: los paradigmas aguantan mucho.

Como sabrá usted, mi postura es que México fue un fracaso durante el siglo XX, debido en buena parte a la secuencia de conflictos que hemos dado en llamar Revolución Mexicana, y a la forma en que ese proceso terminó en la construcción de un régimen autoritario, con una economía muy cerrada, no sólo dirigida por el Estado, sino controlada por grupos corporativos. Esta postura no coincide con la opinión de la mayoría de los estudiosos. Sea quienes se dedican a la Revolución, al Cardenismo, al Desarrollo Estabilizador, o a otros temas que necesitan mayúsculas.
Pero no es frecuente que esto se discuta. Si acaso algún profesor estrafalario y radical, o un alumno de posgrado, ayudan a que este columnista pueda corregir sus errores. Cosa de tiempo, me imagino.

Twitter: @macariomx

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