Opinión

Error de diciembre, de Carlos Salinas

Estimada oficina de Carlos Salinas. Esta oficina de Carlos Ramírez lamenta haberse despedido de usted el viernes pasado, pero al revisar el fin de semana algunos de los contenidos de su autoentrevista en El Universal me saltó uno de los temas más calientes del debate: la devaluación del 20 de diciembre.

Así que paso a revisar algunos datos:

Su jefe Carlos Salinas dijo que con Luis Donaldo Colosio no hubiera
habido devaluación. Bueno, en política el hubiera es una coartada. Porque si Salinas se hubiera reelegido el país hubiera sido otro. No, en política --y más en economía política-- los hechos marcan la diferencia.

El primer conflicto de Zedillo como presidente electo con Salinas fue justamente la devaluación, y de ello sabía Zedillo porque había manejado fondos de divisas en Banco de México. El 20 de noviembre de 1994 hubo una reunión en casa de Salinas y ahí flotó en el ambiente la urgencia de devaluar. Según el Banco de México, en una gráfica que debe estar enmarcada en la casa de Salinas junto a las bandas presidenciales, en enero de 1994 había reservas internacionales cercanas a 30 mil millones de dólares. En diciembre, al arranque del gobierno de Zedillo, sólo quedaban menos de 10 mil millones.

En ambiente de colapso económico el tipo de cambio no podía sostenerse con las pocas reservas. El Banxico señala las fugas de capitales en el año: 10 mil 388 millones por el asesinato de Colosio; 3 mil millones por el berrinche de Jorge Carpizo en junio al renunciar a la Secretaría de Gobernación y dejar las elecciones al garete porque era además presidente del Instituto Federal Electoral; 3 mil 710 millones en noviembre por la escandalosa denuncia del subprocurador general Mario Ruiz Massieu, perteneciente al grupo de Carpizo, contra el PRI por el asesinato de su hermano; y mil 549 millones en diciembre por movilizaciones zapatistas, que Salinas había dejado pendientes al terminar su sexenio. En total en 1994, acreditadas a la responsabilidad de Salinas, se fugaron del país 18 mil 552 millones de dólares y centavos para sostener artificialmente el tipo de cambio.

En la reunión del 20 de noviembre estaba el tema de la devaluación que se veía inevitable. En términos generales, por el diferencial inflacionario con los EU, la tasa de sobrevaluación del peso era de 26 por ciento, casi similar a la que existió en los años en que se forzaron las devaluaciones. Pero Pedro Aspe, secretario de Hacienda de Salinas, se negó a devaluar y dijo que renunciaría a su cargo si se devaluaba. Salinas, ya sin poder y abrumado por la crisis, pospuso la devaluación.

Luego vino la designación del gabinete presidencial de Zedillo. Aspe propuso quedarse en la Secretaría de Hacienda para mantener la estabilidad “con alfileres”, pero Zedillo se negó; Aspe insistió y le ofreció a Zedillo una carta de renuncia sin fecha para hacerla efectiva una vez que pasara la tormenta devaluatoria; Zedillo se negó.

La razón era, entre otras, que Aspe sería el presidente económico en el gobierno de Zedillo y representaría los intereses de Carlos Salinas en una reelección anhelada o en un continuismo deseado. Zedillo sería, en los hechos, un pelele presidencial. Zedillo designó a Jaime Serra para Hacienda, éste tardó en hacerse de los hilos de control, Aspe y Salinas se hicieron intencionadamente a un lado… y la devaluación estalló por una herencia maldita en las cifras de reservas e inflación.

Con Colosio no hubiera habido devaluación, porque Aspe y Salinas se habrían quedado con el control del gobierno, es una especie de maximato económico transexenal, el sueño dorado de Salinas.

En fin, estimada oficina de Carlos Salinas, ahora sí que con ésta me despido. Atentamente, oficina de Carlos Ramírez. Hasta la próxima.