Opinión

Errática indulgencia

   
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Hillary Clinton y Donald Trump

El segundo debate entre los aspirantes presidenciales Hillary Clinton del Partido Demócrata y Donald Trump del Republicano, mostró algunas certezas, algunas debilidades y mayor preparación.

Trump fue quien se preparó de mejor forma en comparación con su desempeño anterior. Respondió ligeramente mejor en algunos temas, pero fue sobresaliente en sus ataques. Llegó incluso a ser grosero y hostigador –ninguna novedad– hacia Hillary. Utilizó con fuerza el tema de los correos electrónicos de la exsecretaria Clinton, cuando señaló: “debieras sentirte avergonzada”. La acusó una y otra vez –su estrategia más repetida– de no haber hecho nada de lo que afirma prometer, cuando tuvo la oportunidad, cuando fue senadora o secretaria de Estado. Pero tal vez la parte más delicada y sensible fue cuando justificó su conducta hacia las mujeres, o desvió la atención al lanzar un enérgico ataque en contra del expresidente Bill Clinton: “él hizo y trató de peor forma a las mujeres que yo, cuando fue gobernador y presidente”. Este tema desbalanceó a Hillary, a quien a pesar de los años y los perdones, le resulta incómodo y doloroso intentar responder o defender las correrías amorosas o sexuales del entonces avispado Bill.

Trump tuvo la osadía y el mal gusto de ofrecer una conferencia de prensa el mismo domingo por la mañana en San Louis Missouri, donde presentó a: Juanita Broaddrick, Kathleen Willey y Paula Jones, tres mujeres quienes afirman haber sido víctimas de acoso o asalto sexual por parte del entonces gobernador de Arkansas, William Clinton. Más aún, las llevó al debate el domingo por la noche y estaban sentadas en las tribunas.

Trump utiliza un primario método de justificación de conductas deshonrosas, al señalar a otros que hicieron lo mismo o algo parecido. Es casi un argumento infantil de primaria: “tiré la pelota porque Juanito también lo hizo”.

Incluso amenazó a Hillary con meterla a la cárcel o, por lo menos, “designar a un fiscal especial para que la investigue”. Al día siguiente, típico de Trump y su desdibujado equipo, su portavoz dijo que la amenaza fue sólo una broma.

Las certezas radican en la absoluta ignorancia del personaje: una y otra vez describe los problemas, vuelve a su consabida pérdida de empleos, al “desastre del NAFTA”, pero es incapaz de proponer soluciones o planes de acción. Al abordar el tema internacional y la grave crisis de seguridad en Oriente Medio, la conductora presionó: “¿Qué haría usted con Aleppo?”. Respuesta: “Bueno, básicamente Aleppo ha caído”. Punto. Incapaz de elaborar una respuesta más articulada, que perfile un plan de acción, búsqueda de alianzas, etcétera.

Otra certeza es que Hillary sin duda está mejor preparada para desempeñar el puesto, aunque tampoco es una extraordinaria candidata, popular, cautivadora o que involucre y comprometa a votantes nuevos en cada aparición. Hillary es una candidata muy mediana en su desempeño en campaña, pero puede ser, una gran presidenta.

Las debilidades caen fundamentalmente en el campo demócrata, cuando Hillary tuvo dos oportunidades gloriosas de ataques profundos e incisivos a su oponente y los dejó pasar. Una y la nación entera estaba en vilo, cuestionarlo severamente sobre su trato, referencia, lenguaje y visión acerca de las mujeres. El video difundido por el Washington Post el pasado viernes era una joya política que podría haber –lo dicen los más de 160 líderes republicanos que le han retirado su apoyo–descarrilado de forma definitiva la campaña de Trump. Pero Hillary perdonó. Cuestionó tangencialmente, evitó entrar de fondo al tema. Tal vez temiendo –la conferencia con las mujeres de Arkansas había sucedido ya por la mañana– que vendría el contraataque hacia su marido, como de hecho sucedió. La aparente estrategia de sus asesores parece ser la de elevarla todo lo posible, de no colocarla en la misma baja y lodosa estatura de Trump. Sin embargo, se pueden equivocar. Con un solo comentario en el sentido de “Donald, Bill ya sirvió su tiempo y su periodo, y por cierto lo hizo bastante bien. La historia lo juzgará. Pero él no está en la boleta, estás tú Trump, y debes responder por tu conducta”.

La otra oportunidad de oro fue cuando se defendió por el tema de los impuestos y nuevamente acusó a patrocinadores de Hillary de hacer lo mismo: Buffet y Soros –por cierto el primero lo negó este mismo lunes. Ahí Hillary tendría que haber atacado con destreza al señalar que ninguno de ellos busca un cargo de elección popular; que no puede haber un presidente evasor fiscal. Pero tampoco lo hizo.

La indulgencia de la señora Clinton puede resultar cara en las urnas, especialmente cuando las encuestas –aunque le otorgan la ventaja–son poco confiables como hemos visto en Colombia, en Reino Unido, Francia y otros más.

Twitter: @LKourchenko

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