Opinión

Ernst von Freyberg, entre los astilleros y el paraíso fiscal


Si el papa Francisco va a emprender una limpieza a fondo en el Vaticano, como se adelanta en estas páginas, será ineludible que el barrido incluya al Instituto per le Opere di Religione (IOR), símbolo del lavado de dinero y de sus vínculos con la mafia desde el escándalo del Banco Ambrosiano en 1982 hasta la destitución de su titular, Ettore Gotti Tedeschi, en mayo de 2012.
 
Gotti Tedeschi, quien fue impulsado a la cúpula del IOR en 2009 por el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado vaticano y jefe de la Curia Romana que trató de imponerse en el cónclave que eligió a Francisco en marzo, cayó víctima de las pesquisas sobre blanqueo que desarrollan las autoridades de Nápoles; en su lugar entró como interino el alemán Ronaldo Hermann Schmitz y el 2 de febrero, a menos de dos semanas de su renuncia histórica, Benedicto XVI designó como nuevo presidente del Consejo de Supervisión a Ernst Conrad Rudolf Freiherr von Freyberg-Eisenberg-Allmendingen, quien no ha empezado su gestión con el pie derecho.
 
La causa es que al abogado y administrador Von Freyberg, nacido en 1958 en Ginebra, pero de nacionalidad germana, se le cuestiona su carrera -a partir del año pasado- como titular del consejo directivo del astillero Blohm + Voss, que como otros gigantes industriales de Alemania surtió de armas al régimen nazi, para el que luchó, presuntamente sin alternativa, Benedicto XVI. Von Freyberg, además, mantendrá su cargo en el constructor naval, fundado por uno de sus ancestros, que, como reconoció Federico Lombardi, vocero papal, todavía participa en el sector militar.
 
Según la Santa Sede, expuso The Huffington Post, el nombramiento fue resultado de un 'doloroso y detallado' proceso de selección, en el que intervino, por primera vez, una agencia internacional de headhunters, Spencer Stuart, abocada a proponer candidatos de 'excelencia moral y profesional'. Bertone, al frente de la comisión de cardenales que 'supervisa' al IOR, escogió en la terna a Von Freyberg, miembro de la Orden Militar Soberana de Malta.
 
Enorme
 
El reto que asumió es enorme. Gotti Tedeschi, despedido por incumplir 'las funciones primarias de su oficina', con un estilo errático y negligente -si bien sus simpatizantes dicen que así le pagaron sus intentos de aclarar las finanzas-, no pudo evitar que en 2010 magistrados de Roma congelaran por supuesto reciclaje 23 millones de euros que el IOR depositó en un banco italiano.
 
El caso Vatileaks abrió un poco más la alcantarilla: decenas de millones de euros se transfirieron a las diócesis norteamericanas para cubrir los arreglos legales por las demandas de pederastia, al tiempo que en cartas a Joseph Ratzinger el arzobispo Carlo Maria Vigano se quejaba de lavado en masa -que la Red Voltaire calcula en más de 55,000 millones de dólares al año-, corrupción y compadrazgos dentro del Estado.
 
Las medidas adoptadas por Benedicto XVI, quien de acuerdo con John Thavis, corresponsal de Catholic News Service, "sufrió mucho por las revelaciones de los escándalos, las pugnas y las intrigas en el Banco del Vaticano", hasta llegar a la decisión de renunciar, fueron cosméticas. Entre ellas se nombró como jefe de la Autoridad de Información Financiera a René Brülhart, experto suizo con fama de poner en orden el paraíso fiscal de Liechtenstein; sin embargo, Italia ordenó en febrero a sus bancos suspender las transacciones con el Vaticano por falta de controles antilavado, dejando por unos días a los turistas sin la posibilidad de usar sus tarjetas de crédito.
 
Antes, JP Morgan Chase clausuró la cuenta del IOR en su filial de Milán por el mismo motivo; Moneyval, organismo de monitoreo del Consejo de Europa, afirmó en julio que el Vaticano sólo cumplía con siete de 16 acciones básicas para combatir la evasión fiscal, los flujos ilícitos de capital y otros delitos financieros. Por entonces, Paolo Cipriani, director general del IOR, sostenía que "estamos tratando de abrir el cofre un poco más y de demostrar que trabajamos por la transparencia"; hoy él mismo está sujeto a investigación por blanqueo, igual que el consultor legal del banco, Michele Briamonte.