La cuarta transformación y la economía
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La cuarta transformación y la economía

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La cuarta transformación y la economía

02/07/2018
Actualización 02/07/2018 - 13:37

El presidente electo para cuando usted esté leyendo esto ha anunciado que lo que viene representa una transformación radical y profunda del país, al grado de compararla con las transformaciones del México independiente, la de la Reforma y la de la Revolución, y por eso la denomina “la cuarta transformación” .

Un Estado de derecho auténtico, el combate frontal a la corrupción, una democracia auténtica, “el pueblo manda”, el respeto a la división de poderes y a la autonomía de los estados y municipios, un gobierno austero, cancelar la “mal llamada reforma educativa”, son parte de la lista de promesas de campaña y buenos deseos.

En el lado económico también hay muchas cosas que preocupan. AMLO ha prometido abandonar el modelo neoliberal y regresar al modelo de desarrollo estabilizador, totalmente desgastado e incompatible con la globalización, así como un “plan de austeridad republicana” de donde saldrán los recursos para financiar el desarrollo, sin aumentar, en términos reales, los impuestos ni la deuda pública. “Tampoco habrá gasolinazos. El Presupuesto se orientará a reactivar la economía, a crear empleos y a combatir la pobreza. Será prioritario fortalecer la actividad productiva y el mercado interno. Fomentaremos el desarrollo desde las distintas regiones del país. Se rescatará el campo, se impulsará la industria de la construcción y la dedicada a la fabricación de ropa, calzado y otras mercancías. Se rescatará el sector energético. El propósito es producir las gasolinas, el diésel, el gas y la energía eléctrica que consumimos para dejar de comprarlos en el extranjero.

“Nuestro programa de desarrollo partirá del apoyo a las actividades productivas de las comunidades indígenas y campesinas, así como a la creación de oportunidades de empleo para trabajadores de colonias urbanas populares. Vamos a distribuir una canasta de alimentos a precios bajos. Se garantizará a los jóvenes el derecho al estudio y al trabajo.”

Respecto a la relación con Estados Unidos, AMLO ha dicho que “le propondremos al presidente Donald Trump un tratado amplio e integral con Canadá, que incluya también a los países centroamericanos, algo parecido a lo que fue la Alianza para el Progreso, enfocado no sólo al comercio sino al desarrollo regional, la creación de empleos, los salarios, la migración, la seguridad, entre otros asuntos.” ¿Significa esto que pasaremos pronto a la negociación del TLCAN 3.0? ¿Tendrán algún interés Canadá y Estados Unidos por incluir a Centroamérica?

Seguramente estaremos escuchando en estos días declaraciones de su equipo económico garantizando el respeto a la autonomía del Banco de México, el compromiso de conducir responsablemente las finanzas públicas, para no endeudar más al país en términos reales, y que no habrá incrementos en los energéticos ni en los impuestos. Esto puede ser bien recibido por los mercados. De hecho se espera una apreciación del peso de entre 3.0 y 5.0 por ciento en los siguientes días, si no nos echa a perder la fiesta el presidente Trump con algún tuit mal intencionado.

Pero ya sentado en la silla presidencial, AMLO se va a encontrar con la realidad. La verdad es que la economía mexicana presenta enormes desafíos. Por más que se busque ahorrar en los gastos y atacar la corrupción, no se tienen suficientes recursos para mantener equilibrado el Presupuesto para los siguientes años, y menos si se piensan cumplir todas las dádivas prometidas a los distintos sectores de la población.

La espada de Damocles de las calificadoras internacionales y la tenencia de valores gubernamentales en manos de residentes en el extranjero son un seguro de responsabilidad fiscal. No hay margen de maniobra.

¿Cómo vamos a hacerle para tener un régimen fiscal competitivo frente al nuevo esquema fiscal que se aprobó en Estados Unidos con una tasa efectiva sobre la renta de 24 por ciento para las empresas, frente a una tasa efectiva en México de 50 por ciento? No queda otra, hay que bajar impuestos a los ingresos y como contraparte aumentar impuestos al consumo.

Junto a la revisión del régimen fiscal, hoy tenemos un sistema financiero muy deficiente, muy caro y sobrerregulado. Sin un mercado financiero desarrollado, la actividad económica tiene un fuerte cuello de botella. El problema de las pensiones sigue creciendo, y ya nos alcanzó el destino. Tenemos que revisarlo a fondo y actuar rápidamente. Dentro de esto, urge revisar también el régimen de inversión de las Afore y de otros inversionistas institucionales.

El equipo económico tiene que plantear una serie de reformas en distintos temas que ya no pueden quedarse más tiempo rezagados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.