Opinión

“¡Era suya!, ¡suya!... 
¡Y la dejó ir!”

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peña nieto

Después del encuentro entre el presidente Peña Nieto y el impresentable Donald Trump, resulta inevitable hacer una revisión de la comunicación estratégica, o mejor dicho, de su ausencia en el encuentro.

Trump recibió la invitación del gobierno de México. Con habilidad y astucia, aceptó de inmediato y presionó para que fuera en la fecha que a él le convenía. Como vimos la noche del miércoles y sus tuits y declaraciones del jueves, “vamos creciendo, avanzamos, los números nos favorecen”, el candidato pensó desde la recepción de la invitación, en aprovechar la visita y exprimirle todo el capital político frente al electorado. Vino a la foto, leyó, reforzó sus puntos, su agenda y se fue.

En Arizona, la misma noche, presentó un plan tan reaccionario y punitivo contra los migrantes como ha venido sosteniendo hace seis meses. Nada cambió, sólo refrendó su postura con la foto y la mano del presidente de México.

El equipo presidencial mexicano se dejó utilizar. Jugó bajo las reglas del protocolo y la cordialidad, sin considerar la manipulación y el uso que Trump haría de la imagen del presidente y del escenario mexicano. “Nos chamaquearon” afirman miles en redes.

Imagine usted el siguiente escenario: el presidente Peña Nieto aparece en la conferencia de prensa y con firmeza y determinación le dice a Trump: “Señor candidato debo decirle que los mexicanos no somos unos violadores, criminales y delincuentes como usted equívocamente ha afirmado en múltiples ocasiones, los mexicanos somos gente de trabajo, de empeño, comprometida y leal, etcétera” .

Dos: “El muro que usted pretende, es un sinsentido que va a contratiempo de la historia: vivimos los tiempos de las alianzas, los acuerdos y los pactos, y usted quiere volver atrás al siglo XIX. Tiene usted derecho de pensarlo e incluso de proponerlo, pero sepa usted que México jamás aceptará, apoyará y mucho menos pagará por dicha insensatez. Hemos construido una relación productiva, provechosa para ambas naciones, y no vamos a renunciar a avanzar, mejorar y profundizar dicha relación. México no pagará ningún muro o dique que construya una muralla entre nuestros países, amigos, aliados y socios”.

¿Suena descabellado? ¿Le parece a usted irrespetuoso?

Creo que la firmeza y contundencia que el presidente Peña Nieto mostró por la noche en el canal 2 de televisión debiera haberse visto, con la misma energía y vigor, en su encuentro frente a Trump.

Desde la perspectiva de la comunicación, tal vez, para defensa y protección de México y de nuestro presidente, no debiera haber existido conferencia mediática alguna. Pero si ya no había remedio, si las condiciones forzadas por el incómodo visitante la obligaron, había entonces que capitalizarla a nuestro favor, utilizar nosotros la visita del ofensivo a favor de México.

La deteriorada popularidad y los disminuidos índices de aprobación de Enrique Peña Nieto hubieran tenido un sólido golpe de ascenso al presenciar, México entero, a un líder que a la cara y de frente le dijera a Trump que no aceptamos su retórica del agravio y la ofensa, que rechazamos su visión de la muralla y la división.

Tenía la piñata al lado y decidió no darle un solo palo –ya no digamos merecido y ganado– por estrategia y posicionamiento político.

A los ojos de la candidata demócrata, lo invito a que siga usted los tuits inmediatos a la visita emitidos por su equipo, por su campaña y por el Comité Nacional Demócrata, no sólo de extrañamiento, de molestia, sino ya presentes señalamientos incisivos en torno a la cuestionable situación de derechos humanos en México.

Perdimos por todos lados.

La comunicación fue equívoca, el presidente fue sorprendido por un vociferante ególatra que manejó a su antojo la conferencia de prensa y resultó evidente la ausencia total de una postura firme e irrenunciable de nuestro gobierno.

Twitter: @LKourchenko

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