Opinión

Equilibrios

 
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Cuajimalpa.

Gil leyó con los ojos de plato que los edificios construidos en el pico de una colina de Santa Fe fueron avalados sin estudios de suelo. Como lo oyen, el exdelegado panista Carlos Orvañanos y el exdirector de obras de la delegación Cuajimalpa, Rafael Figueroa se encargaron de otorgar el trámite para que se levantaran tres edificios en el conjunto Residencial Vista del Campo. Su periódico El Universal refiere que en febrero de 2012 el director de obras autorizó el uso y ocupación del predio. No se han dado a conocer los estudios de suelo realizados por la constructora y la torre de telecomunicaciones American Tower.

Gamés no recuerda un caso así en la ciudad de México. Tres edificios de quince pisos, una casa en el voladero y una antena puestos en todo lo alto de una cima. No es precisamente una loma, se trata de un soto elevado sobre esa locura artificial que se ha poblado con el nombre de Santa Fe.

Gil imagina los comentarios felices de los flamantes propietarios: compramos un departamento no muy grande de 600 metros cuadrados arriba de una montaña preciosa, desde allá los coches se ven muy pequeñitos y las personas ni se ven, como si no existieran. No dejen de venir a visitarnos, en la noche la vista es espectacular. Pues con la novedad de que el edificio está a diez metros del talud y si se tardan las autoridades se tirará a reposar en la carretera.

En México todo tarda años: nadie acusa aún a los culpables de semejante salvajada, nadie da la cara. Los procesos, o como se llamen, empiezan con una parsimonia endemoniada, como si fuéramos inmortales. En fon. Los condóminos se han mudado, el talud recrudece por minutos, la casa del señor Rosette juega al equilibrista.

Profunditis
Gil lo leyó en su periódico El Universal: Raúl Cervantes Andrade, senador del PRI, no participará en la contienda para ser candidato a ministro de la Suprema Corte. Dice el senador: “Me preguntan los amigos y les digo: ‘vengo tranquilo y en paz, con una profunda madurez’”. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz e inquirió a su alma: ¿cómo es la profunda madurez? ¿Acaso es el nuevo nombre de la ancianidad? ¿O bien el senador se ha referido a las oquedades del temperamento?

La palabra “profundo” goza de una inexplicable buena prensa. Todo lo profundo es santo y bueno: “texto profundo” es igual a un texto bien tramado; “amor profundo”, ni qué decir, las dos palabras salvan enamoramientos venidos a menos; “profundas emociones”, mucho más que sólo un sentimiento; “dolor profundo”, más intenso que un dolor simple; en fon, ustedes digan y manden, pero cuando oigan el adjetivo en compañía de un sustantivo pobretón, cuidado. Así las casas (sí, Grupo Higa), el senador que no participará en la competencia para ser ministro padece un profundo dolor de huevos. Ups.

La encuesta
Cada día que pasa, Gil cree menos en las encuestas. Sí, Gilga ha escrito creer, considerar a alguien cierto. “Los mexicanos vistos por sí mismos” contiene 25 encuestas nacionales realizadas desde la UNAM sobre lo que los mexicanos piensan de su vida. Resulta que nos sentimos muy trabajadores y que la corrupción, la educación y la seguridad ocupan las preocupaciones centrales de los mexicanos. No se lo tomen a mal a Gamés, pero en uno de los países más corruptos del planeta, con “profundos” problemas educativos y 120 mil muertos en la guerra contra el narco y Dios sabe cuántos miles de desaparecidos, lo raro habría sido que esos mexicanos hubieran expresado su preocupación por la ecología, la izquierda y los buñuelos.

Cada vez que Gamés lee una encuesta en la cual se pregunta “¿Usted es feliz?”, le dan ganas de contestar esto: “Sí. Del uno al diez, donde uno es muy poco y diez muucho muy feliz, 11. Y deje usted de joder con una pregunta tan sonsa, imprudente y literalmente incontestable”. El resultado de la encuesta declara entonces: los mexicanos se sienten felices y satisfechos con sus vidas. La verdad sea dicha (sí, muletilla patrocinada por Morena y Liópez), si alguien leyera esas encuestas dentro de cien años, un historiador despistado diría: en México, la mayoría de los mexicanos era feliz en el año 2015. Qué raras personas tan felices.

La máxima de Mark Twain espetó dentro del ático de las frases célebres: “Hay tres clases de mentiras: la mentira, la maldita mentira y las estadísticas”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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