Opinión

Época de volatilidad

 
1
 

 

peso dolar

La economía mexicana ha resentido a lo largo de los últimos meses dos choques provenientes del exterior: uno real, relacionado con la caída de los precios internacionales del petróleo; y el otro financiero, relativo al cambio en el sentido del flujo de capitales en el mundo a consecuencia principalmente de la creciente probabilidad de que la Fed estadounidense inicie un proceso de incrementos de la tasa de interés de los Fondos Federales.

Las autoridades responsables de la política económica en México han tratado de “aguantar” los efectos de dichos choques sobre la economía a través, primero, de la depreciación del tipo de cambio nominal; y, después, probablemente lo harán mediante el aumento de las tasas de interés de referencia o de una combinación de ambos.

Al ser enfrentados estos choques mediante la depreciación del tipo de cambio nominal, la competitividad del país se ha visto mejorada, sobretodo en circunstancias en que el traspaso de la depreciación a la inflación ha sido baja. Con esto, se alientan las exportaciones y desalientan las importaciones, estimulando así el crecimiento de la economía.

Por el contrario, si los choques se hubieran enfrentado primero con incrementos en las tasas de interés, probablemente el tipo de cambio se hubiera depreciado menos o nada, pero eso sí, el dinamismo de la economía se habría visto fuertemente afectado desde el principio.

En tal sentido, se puede decir que la estrategia adoptada por las autoridades es la adecuada.

No obstante, el efecto verdadero de la depreciación del tipo de cambio sobre la economía mexicana depende también de otros factores como del grado de la depreciación relativa de nuestra moneda con respecto a las de nuestros competidores y de la demanda de nuestros compradores, principalmente Estados Unidos. En los últimos doce meses, por ejemplo, algunos de nuestros competidores en el mercado estadounidense han depreciado sus monedas más o menos en la misma magnitud que el peso mexicano, por lo que la ganancia de competitividad mexicana es relativa. Es el caso, por ejemplo, del dólar canadiense, del euro, del yen, del won, etcétera. Por lo que respecta a la demanda estadounidense, hoy se sabe que no ha sido muy dinámica en el primer semestre, por lo que a pesar de la depreciación cambiaria no se han podido registrar buenos crecimientos de las exportaciones.

Finalmente, un elemento importante que en buena medida limita el dinamismo de las exportaciones ante la deprecación cambiaria es el hecho de que las exportaciones mexicanas tienen un elevado componente importado. En tal sentido, la ganancia de competitividad del país cuando se deprecia el tipo de cambio se ve limitada por el hecho de que también aumentan los costos de la producción, porque gran parte de la materia prima es importante. Esto es lo que explica la llamada de atención o el reclamo de la Concamin de la semana pasada.

Por otro lado, el costo más importante que hay que pagar por enfrentar estos choques a través del tipo de cambio es la inflación, misma que a la larga eliminará el efecto la ganancia en competitividad.

Normalmente la depreciación del tipo de cambio afecta a la inflación a través de dos vías: una, del aumento de precios de los productos importados que entran directamente en la canasta de consumo; y, la otra, mediante el aumento de los precios de la materia prima importada que utilizan las empresas para producir los bienes de consumo. Se entiende que este proceso es más lento que el primero debido a que normalmente las empresas tienen insumos en inventario y/o poseen coberturas sobre los precios de las materias primas que utilizan. Se estima que este proceso empieza a manifestarse en el índice de precios al productor entre uno a dos meses después de la depreciación y entre tres y cinco meses en el caso del índice de precios al consumidor.

No obstante, es necesario señalar que en la coyuntura actual el traspaso de la depreciación del tipo de cambio a la inflación se ha visto en alguna medida compensado por la caída en los precios de las materias primas en los mercados internacionales.

De todos modos, mientras más pronunciada y duradera sea la depreciación cambiaria, mayor será la probabilidad de que se traslade a los precios de los productos finales. Esto explica el porqué de la intervención del Banco de México la semana pasada al incrementar la oferta de divisas al mercado.

Cuando la Fed incremente las tasas de interés se espera que el Banco de México haga lo propio en el país para evitar una salida desordenada de capitales, misma que en caso de presentarse podría provocar una fuerte depreciación cambiaria.

Si se tiene en cuenta que se estima que las tasas de interés americanas podrían aumentar alrededor de tres puntos porcentuales en los próximos meses, es dable pensar que este proceso podría durar entre tres y cuatro años, por lo que habría que estar preparado para la volatilidad que ello va a implicar en el tipo de cambio y en las tasas de interés. La economía mexicana también tendrá que resentirlo, a pesar de que calculamos que el tipo de cambio de equilibrio se encuentra alrededor de 15.50 pesos por dólar.

También te puede interesar:
No queda más
Cayó el “mexican moment”
¿Qué anticipa la caída de la producción industrial?