Opinión

Peña Nieto y Videgaray no entienden

     
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Videgaray y Peña (Cuartoscuro)

No entienden que no entienden y, por lo visto, no tienen remedio. Peña Nieto recibió a los secretarios estadounidenses, pese a las medidas sin precedente que conducirán a deportaciones masivas. Y eso sin contar la humillación, la última de ellas, cuando Trump le canceló, vía Twitter, la invitación a la Casa Blanca.

No se entiende, por lo demás, que el presidente diga una cosa y el gabinete haga otra. Peña anunció que la negociación sería integral. Sin embargo, Kelly y Tillerson vinieron con una agenda precisa centrada en seguridad e inmigración. Después de dos días, se fueron con el compromiso de que México trabajaría con Estados Unidos y Centroamérica para abordar e instrumentar acuerdos.

¿Pero qué se obtuvo a cambio? Nada en materia económica, porque las negociaciones no han iniciado. Lo único tangible, si es que se puede usar esa palabra, fue la declaración de Kelly diciendo que no habría operativos militares ni deportaciones masivas. Lo primero fue una precisión innecesaria porque jamás se había contemplado la intervención del Ejército. Lo segundo es una promesa vacua y contradictoria, porque la orden ejecutiva está justamente diseñada para deportaciones masivas.

Sin embargo, tanto el canciller como el presidente fueron generosos con el responsable de seguridad interna, el titular del Departamento de Estado e incluso Trump. Videgaray habló de confianza y entrañable amistad. Peña afirmó que la presencia de los secretarios muestra el interés que tiene el presidente Trump en construir una relación positiva con México.

Al mismo tiempo que las flores y las cortesías mexicanas eran ofrendadas, Trump sintetizó su posición en unas cuantas palabras: “No vamos a dejar que eso suceda (que persista un déficit de 70 mil millones de dólares y que fluyan drogas desde México). No puedo dejar que eso suceda. Vamos a tener una buena relación con México, espero. Y si no la tenemos, no la tenemos”, concluyó el presidente.

Así que, como dicen los colombianos: ¿entendieron o se los dibujo? Trump detesta a México. Su visión fue, durante la campaña, resumida por él mismo: “No quiero tener nada que ver con México salvo la construcción de un MURO impenetrable y que dejen de estafar a Estados Unidos”. Y a estas alturas ya debería estar claro que sus tuits no son meras ocurrencias, sino que expresan sus convicciones profundas.

Peña y Videgaray se han equivocado reiteradamente. La invitación del 31 de agosto fue el más craso de todos los errores, pero se le puede sumar la confianza ciega en que Jared Kushner era la única y mejor vía para acercarse a Trump. La terca realidad les ha impuesto un correctivo, y es sensato que ahora las negociaciones se conduzcan por canales institucionales.

Pero, por otra parte, hay que tener claro que mientras Kelly y Tillerson son operadores, el alter ego de Trump es Bannon. De manera tal, que el desprecio del presidente por México adquiere sustancia y consistencia en las ideas supremacistas del estratega en jefe de la Casa Blanca. La prisa en la construcción del muro y las deportaciones no son meras ocurrencias o una simple expresión de cálculos electoreros. Bannon ha reiterado una y otra vez que la revolución de Trump tendrá efectos por 30 o 40 años, y que el objetivo es desmontar el viejo sistema.

Esto se aplica lo mismo al libre comercio que a los medios de comunicación, para no hablar de la vieja clase política y del aseguramiento de las fronteras deportando masivamente ilegales e impidiendo la entrada de musulmanes. O para decirlo con palabras de Bannon: “Somos una nación con una economía, y no sólo una economía. Somos una nación con una razón de ser”. En otras palabras, Trump no está loco, pero si estuviera habría método en su locura.

Sobra señalar que los caudillos son temperamentales y caprichosos. Trump lo es a la quinta potencia. La peor estrategia ante sus arrebatos y desplantes es la contemporización. El presidente no entiende por las buenas, sino por la resistencia y la fuerza. Por eso reculó en el caso de China y Taiwán después de sostener una sola conversación telefónica con el presidente Xi Jinping.

Así que si vas con Trump, sé digno y gallardo; lo demás no vendrá por añadidura, pero sin eso no obtendrás nada que no sea desprecio y mal trato.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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