Opinión

EPN y el “Piojo” Herrera enfrentan retos similares

Se dice que loco es aquel que hace lo mismo una y otra vez, esperando resultados diferentes. Eso aplica en el futbol y en la economía.

Empiezo por reconocer mi primitiva depresión, ocasionada por la eliminación del equipo de México en el Mundial. Me afecta más porque siento que éste es un grupo de jóvenes con una mentalidad diferente a equipos anteriores, jugadores que no se achican y capaces de competir con quien sea; capaces incluso de irle ganando por 87 minutos al subcampeón del mundo que venía de golear al campeón. No bastó, pero me quedo con buen sabor de boca. Se jugó sin complejos y se compitió, un equipo sin grandes estrellas, pero con jugadores absolutamente comprometidos y competentes.

El futbol, en general, refleja lo que ocurre en la economía mundial. La globalización de este deporte lleva a que los pequeños aprendan a competir. Equipos como Costa Rica o Argelia, llenos de jugadores que participan en ligas europeas, son capaces de jugar al tú por tú con Brasil, Italia o Alemania.

México queda donde le corresponde estar, es uno de los 16 mejores del mundo, un equipo que en un buen día puede ganarle a quien sea. Está, también, por debajo de donde debería estar, considerando sus 118 millones de habitantes, el tamaño de su economía y de su afición. La economía 14 del mundo, tiene un equipo de futbol que corresponde a su tamaño. ¿Por qué no más? Por las mismas razones por las que tenemos una economía de ingreso medio que no logra despegar, como lo han hecho países como Corea del Sur. Funcionamos a medio motor porque generamos un ecosistema poco incluyente y que no premia el mérito.

En el futbol hay fuertes barreras de entrada para que el talentoso llegue a ser jugador profesional; o incluso para que se convoque a la selección a jugadores que no son del agrado de los grupos que controlan el futbol profesional en México. Nuestro futbol es rehén de mafias, de promotores, de corruptelas, compadrazgos; y el resultado son equipos con poco incentivo para invertir en fuerzas inferiores, organizaciones que lavan dinero, y una liga irrelevante que vive para una liguilla en que equipos de media tabla de repente lo ganan todo. Nuestro futbol es un espejo de nuestra sociedad y de nuestra economía.

¿Por qué nuestra economía no alcanza el potencial que tiene? Pasa exactamente lo mismo. Hay oligopolios que impiden que otros les compitan, impenetrables barreras de entrada, una economía informal colosal (y un sistema que incentiva a la informalidad), corrupción generalizada e impunidad desmedida; no invertimos en educación (o lo que invertimos va a parar a los bolsillos de los intermediarios, pero jamás a los estudiantes), no tenemos un Estado de derecho que funcione, y quienes se benefician de ello prefieren que así se quede.

En el futbol como en la economía no hay soluciones mágicas o instantáneas. México podría ser campeón del mundo, pero no lo será en cuatro años, no importa qué hagamos hoy. Pero, si derribamos las barreras de entrada, detectamos el talento temprano y lo desarrollamos, si invertimos en equipos juveniles y de fuerzas inferiores, y les damos activamente roce internacional desde temprano, si capacitamos entrenadores (y también los internacionalizamos) que nutran el desarrollo de jugadores técnicamente sólidos, quizá dentro de dos o tres mundiales pensaremos no en el “quinto juego”, sino en el séptimo u octavo.

Igual en la economía. Promovamos competitividad, exijamos que el gasto público sea eficiente y llegue a donde debe llegar, que desarrolle infraestructura, que se construya impartición de justicia y Estado de derecho, que cimente un sistema educativo pragmático e inteligente (impidiendo que sea rehén de sanguijuelas sindicales, políticos corruptos y métodos obtusos). Derrotemos a la impunidad, para así acabar con la corrupción y la inseguridad. Si lo hacemos, México crecerá y alcanzará el potencial que tiene, pero no de un día para otro.

Invirtamos hoy en el fruto de mañana. Sobre todo, evitando escuchar el canto de sirenas de los populistas que buscan preservar el status quo.
Algo más, Peña Nieto debe aprender una lección importante del Piojo Herrera: su equipo prosperó cuando logró que compraran su proyecto y todos jalaran en la misma dirección. EPN tiene que vender el suyo mucho mejor.

México es capaz de grandes logros, pero su máquina trabaja a medias. Partes de la economía formal son de primer mundo. Algunas multinacionales tienen aquí sus mejores plantas a nivel mundial. Pero, partes en la economía informal son de cuarto mundo, donde se vive al día y sólo se logra subsistir.

En futbol y economía démonos cuenta de todo lo que se tiene y de lo que sí se ha logrado; hagamos cambios de fondo que desarrollen nuestro potencial, que es mucho.

Twitter: @jorgesuarezv