Opinión

EPN, fin del primer cuarto

Ayer domingo terminó el primer cuarto del sexenio del presidente Peña Nieto, y desde una perspectiva histórica puede decirse, sin temor a equivocarse, que ha sido sobresaliente.

Difícilmente encontraremos un arranque de gobierno en que el país se haya movido tanto. Y México se ha movido para bien.

Hay árboles que dificultan ver el bosque: la coyuntura económica y del empleo, por ejemplo. Pero son problemas atávicos, no creados por este gobierno, y que tienden a solucionarse de la mano de la modernización del país que está en marcha.

En este primer cuarto de sexenio no se perdió el tiempo con la persecución política de nadie, sino que se aprovechó la circunstancia para sumar a fuerzas políticas antagónicas y sacar una serie de acuerdos que tenían atado al país.

Se dio un paso gigante al rescatar para el Estado la rectoría de la educación pública, hasta hace poco en manos de un sindicato que tomó todo lo que le dieron de manera irresponsable gobiernos anteriores.

Es cierto que aún es temprano para ver los logros de la reforma educativa. Que hay estados (una minoría) reacios a cumplir con ella. Es cosa de tiempo.

Lo importante es que se frenó la caída libre en que veníamos, y se dotó al Estado y a la sociedad de instrumentos para certificar el desempeño de los maestros, quitar la herencia de plazas magisteriales y terminar con el pase automático de los normalistas a un lugar en la nómina de la SEP.

Se dice fácil, pero es un logro histórico que beneficiará a las siguientes generaciones.

La reforma energética que nos va a permitir aprovechar a cabalidad la riqueza petrolera y de gas que tenemos en el subsuelo, se concretó en este primer cuarto de sexenio.

El petróleo que hasta ahora ha resultado inaccesible para nuestras capacidades financieras y tecnológicas, se va a poder extraer, y se va a incrementar la renta petrolera.

Lo mismo ocurrirá con el gas: somos la sexta potencia mundial en reservas de gas, pero importamos a altos costos 47 por ciento del que necesitamos para el consumo nacional. Ya no vamos a quemar el gas que sale asociado al petróleo.

Con lo anterior se va a frenar el aumento en el precio del gas, lo que va a impactar positivamente en los fertilizantes (que importamos) y en la tortilla (que fabricamos con gas importado y caro); es decir, beneficiará la producción de alimentos.

Faltan las leyes secundarias de la reforma energética, pero el clima de diálogo y no de persecución política, van a permitir que éstas se concreten en los próximos días.

Se logró el acuerdo entre las fuerzas políticas para terminar con los monopolios en televisión y en telecomunicaciones. El presidente que, se dijo, estaría entregado a los intereses de los monopolios, les ha puesto competencia.

Tenemos internet lento, caro y malo. Eso se va a acabar en virtud de las decisiones tomadas en este primer cuarto de sexenio. Habrá competencia en el sector telecomunicaciones, servicios más eficientes y más baratos.

Aún no podemos valorar lo que puede significar para un campesino contar con acceso a internet, o lo que sirve el GPS para un habitante de la sierra. Ya lo veremos, porque se puede.

Sí, México se ha movido para bien. Ha sido un primer cuarto de sexenio exitoso, aunque reformar no arroje dividendos políticos inmediatos para los reformadores, ni todos los cambios impacten en el bolsillo de un día para otro.