Opinión

EPN exportó su ineptitud

 
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EPN realiza la declaratoria de clausura de la 40 Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública. (Tomada de @PresidenciaMX)

Siempre me ha sorprendido lo poco que en México entendemos de política estadounidense. Incluyo a políticos y empresarios, independientemente de la frecuencia con que viajen a ese país, o de qué negocios tengan ahí. Por eso, México no ha logrado el peso que debería tener un país del que dependen millones de empleos estadounidenses, y que es el segundo comprador de sus exportaciones en el mundo, mientras países como Israel, China o hasta Qatar, han logrado influencia efectiva. Israel, que nos podría dar cátedra sobre el tema, evita procesos electorales a toda costa. En este ciclo, dijeron que no a Donald Trump, quien intentó reunirse con Netanyahu.

Se ha escrito mucho sobre la falta de estrategia en la decisión de recibir en México al candidato republicano. Me resulta inverosímil una decisión de esa magnitud sin haber analizado las posibles consecuencias. Pero se ha escrito poco sobre la perspectiva desde Estados Unidos, y el efecto real en la campaña. Éste es enorme. Después de la Convención Republicana, resultó evidente que Trump no puede ganar la presidencia sólo con el voto de blancos sin educación universitaria, grupo entre el cual su mensaje resuena. Después del segundo cambio en el liderazgo de su campaña, Kellyanne Conway, su nueva estratega, determinó que es preciso convencer a mujeres blancas, suburbanas, educadas, quienes típicamente detestan a Hillary Clinton, pero que no votarían por Trump por percibirlo como racista.

Conway propuso suavizar la narrativa, hablar más sobre la problemática de la población afroamericana, y mostrar empatía hacia migrantes.

Trump empezó a hacerlo en la segunda quincena de agosto. Curiosamente, hablaba sobre temas de la población negra, en barrios blancos. No busca convencer a votantes afroamericanos, entre quienes tiene menos apoyo incluso que los candidatos independientes, sino bajar el tono para volverse digerible para las votantes que requiere. Con éstas, y con alta abstención general, podría ganar. Fue en ese momento donde surgió la idea de ir a México.

Según el New York Times, gente del equipo de Trump fue a México semanas antes de la visita. Evidentemente, la canciller Ruiz Massieu no participó en la discusión. En un descuido garrafal, no notificaron a la campaña de Hillary Clinton sobre las conversaciones. De hecho, no es verdad que ambos candidatos fueron invitados simultáneamente. A Clinton sólo se le envió una carta vaga y a última hora.

Peña ha causado un daño irreversible a la relación bilateral con Estados Unidos. Al abrirle las puertas a Trump en un momento en el que su campaña estaba en caída libre, le dio un segundo aire muy oportuno, pues la recta final empezó anteayer, el día después del Labor Day. El viaje mató dos pájaros de un tiro: lo mostró más empático hacia México y ofreció imágenes de un Trump no exaltado, compartiendo el escenario con un jefe de Estado; mostró que podía verse 'presidencial'.

Resulta incomprensible y surreal la forma en que se desarrolló la junta. Peña no mostró un ápice de dignidad. Fue el tapete del candidato republicano. Lo recibió el día que quiso [Trump] y a la hora que quiso, horas antes de que el candidato naranja viajara a Arizona, estado clave en contención, a articular su estrategia migratoria. Echándole sal a la herida, Peña dejó que Trump manejara la conferencia de prensa ¡en Los Pinos! Ninguneó al presidente, y lo hizo ver más pequeño que los 16 centímetros de estatura que los separan. Si ya iba a recibir al nefasto racista, al menos pudo hacerlo sudar, respondiendo preguntas de periodistas mexicanos. En vez de eso, parecía que Peña era el visitante, arguyendo que los insultos han sido un malentendido, y perdonando a quien no hizo el menor intento de disculparse.

Trump no piensa hacer un muro más que lo que creía que Obama es keniano, es demagogia pura y posturas electoreras. Rebajarse a discutirlo es tan absurdo como lo sería negociar quien le abrirá la puerta a los Reyes Magos en enero. Pero, sí había temas para los que era vital estar preparados. Abrir, de entrada, la posibilidad de renegociar el TLCAN fue el epítome de la imbecilidad. Lo es, porque fuerza a Hillary Clinton, quien probablemente ganará la elección, a considerarlo.

Como me dijo en privado un importante político estadounidense: “Peña confirmó el estereotipo del mexicano dócil al que los gringos (término que él usó) pueden insultar, y del que se pueden reír, sin miedo a repercusión alguna”.

Pero, más que eso, Peña dañó su relación con Obama y garantizó una pésima relación con la probable presidenta estadounidense. Todo apunta a que los planes de esa presidencia incluirían un acercamiento a Norteamérica, en un intento por cimentar mayor competitividad regional para ganar participación en el mercado global. Peña confirmó no ser un socio confiable.

Quizá es demasiado inocente, quizá sus asesores sean sus peores enemigos, o tal vez es simplemente inepto. Pero ahora, esa ineptitud trascendió fronteras.

​Twitter: @jorgesuarezv

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