Opinión

EPN, de regreso al PRI

Enrique Peña Nieto no había regresado a la sede nacional de su partido desde aquella noche del 2 de julio de 2012, cuando ganó la elección presidencial. Fue una noche histórica, jubilosa, que marcó el retorno al poder después de su estrepitosa derrota en el 2000 y el ridículo electoral de 2006.

Aquella noche triunfal, en el auditorio “Plutarco Elías Calles”, Enrique Peña Nieto era el aclamado, el esperado, el bien amado. El joven que representaba la esperanza de un nuevo PRI. Estaban muy bien calificado en las encuestas, a pesar de que su popularidad bajó, producto de la campaña electoral. Pocos sabían o imaginaban todo lo que ocurriría unos meses más tarde.

Anoche, al celebrar los 85 años de la fundación del Partido Revolucionario Institucional, Enrique Peña Nieto volvió con los suyos en condiciones muy distintas. Hoy, sus niveles de aceptación en las encuestas están muy lejos de los de antaño.

Su primer año de gobierno estuvo lleno de claroscuros. Logró la aprobación de todas las reformas que se propuso, casi como se las propuso, lo que tuvo un costo político altísimo. La única forma de lograrlo era mediante un instrumento de negociación que incluyera a las principales fuerzas políticas. Así nació el hoy desaparecido Pacto por México.

A cambio de mantener al PAN y PRD sentados en la mesa del pacto, el gobierno de Peña Nieto tuvo que ceder en todo. Mantuvo concesiones –y otorgó otras nuevas- en detrimento del propio PRI y su militancia.

Le doy dos ejemplos:

1.- Uno de los principales logros de PAN y PRD en las negociaciones del Pacto fue obtener un presupuesto extraordinario para municipios, que el gobierno federal enviará a fondo perdido, es decir, que no recuperará jamás. En total, los municipios panistas recibirán 3 mil millones de pesos extras para destinarlos a lo que quieran y de los que no tendrán que dar cuentas a nadie. Los perredistas recibirán 2 mil 500 millones en las mismas condiciones, y los priistas: cero, nada, ni un peso extra. Eso, obvio, tiene molesta a la base priista.

2.- Por orden del presidente, todos los delegados del gobierno federal en los estados se mantuvieron en sus puestos. Esas posiciones son clave y altamente codiciadas porque desde ahí se operan políticamente las campañas electorales. Muchos priistas en los estados, que operaron la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, esperaban recibir a cambio algunas de esas delegaciones. Siguen esperando.

Además, el gobierno de Peña Nieto metió a la cárcel a Elba Esther Gordillo, lo que de alguna manera le pega al PRI, y a un exgobernador priista, Andrés Granier. Hoy, sus compañeros de partido se preguntan si también hay alguna celda reservada para algún panista o perredista. Evidencias en su contra hay, y muchas.

Aun así, a 85 años de su fundación, el PRI sigue siendo el partido de la disciplina férrea al presidente de la República. ¿Le alcanzará para salir airoso de las cruciales elecciones de 2015? A ver.

Hasta el viernes.