Opinión

Entrevista frustrada con un gran amigo

 
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Jesús Vicente Flores Morfín. (sitl.diputados.gob.mx)

Hace dos mil años alguien dijo en Palestina que nadie es profeta en su tierra. Han pasado los siglos y hasta la fecha, aun en plena globalización, la frase parece no perder vigencia. Es decir, que no es muy común que una persona tenga en su solar nativo el debido reconocimiento a su talento, virtudes, méritos que son más fácilmente apreciados por los de fuera que por los cercanos. Fue sin duda el caso de Jesús Vicente Flores Morfín (1953-2016), lagunero de Torreón fallecido el pasado 17 de enero.

Repentina, inesperada, muy sorpresiva fue la partida de Jesús, Chuy Flores como le decíamos sus amigos. La última vez que tuve la oportunidad de saludarlo y conversar brevemente con él, en octubre o quizá en noviembre del año pasado, un miércoles de Plumas Azules en la Ciudad de México, agrupación a la que él eventualmente asistía, lo ví muy saludable y con la contagiosa alegría de vivir que siempre tuvo. Infortunadamente muy pronto su corazón dijo otra cosa.

Chuy estudió ingeniería en electrónica en el Instituto Tecnológico Regional de la Laguna. Dotado de una enorme capacidad para las matemáticas complejas, cursó maestría en sistemas de información en el Tecnológico de Monterrey y doctorado en la Universidad de Texas en Arlington, precisamente en Inteligencia Artificial con especialización en Robótica, disciplinas ambas en las que en nuestro país fue pionero. Luego, durante varios años, ejerció la docencia y la investigación en su alma mater local, el Instituto Tecnológico de La Laguna, y en la Universidad Iberoamericana.

Por quienes fueron sus compañeros de actividades profesionales es que sabemos de la calidad y valioso desempeño de Chuy Flores. Así, en el Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa, ILCE, organismo internacional autónomo fundado por la UNESCO con sede en nuestro país, dada su experiencia y conocimientos dirigió con acierto el Centro de Estudios en Comunicación y Tecnologías Educativas. Fue además bujía del proyecto multinacional ADL (Advanced Distributed Learning), lanzado para el desarrollo de un protocolo en sistemas informáticos llamado SCORM, en el que se dijo de él que “destacó como toda una autoridad en la materia”.

De su especialidad impartió conferencias en Brasil, Inglaterra, España, Noruega, Estados Unidos, Canadá, Argentina, entre otros países. Ingresó con todos los honores como miembro de la Academia Mexicana de Informática, donde fue muy respetado por sus colegas, y presidió la Academia de Información en Robótica (1997-98). En fin, en su especialidad alternó con los más reconocidos exponentes, Bill Gates incluido.

Como ciudadano, estuvo en primera línea para dar generoso testimonio en el arduo terreno político como consejero estatal y nacional de Acción Nacional, cuya presidencia estatal de Coahuila le tocó ocupar al inicio del nefasto moreirato, al cual se enfrentó con decisión y coraje no obstante su carácter apacible y tranquilo. Además supo distinguirse como activo y muy responsable legislador local (2000-2002) y federal (2009-2012).

En las elecciones federales intermedias de 2003, con actas de escrutinio en mano demostró Flores Morfín haber ganado la diputación de uno de los distritos de Torreón, como lo hizo constar la autoridad electoral. Sin embargo, por maniobras del PRI y una canallesca sentencia del Tribunal Electoral, a la que infructuosamente se opuso don José Luis de la Peza, según me lo comentó, su legítimo triunfo le fue injustamente arrebatado. Una anécdota más de la picaresca política mexicana.

En la pasada Navidad Chuy Flores y yo intercambiamos mensajes. Él se encontraba con su familia en Estados Unidos. Quedamos de vernos en enero en la Ciudad de México para “conversar largo”. Rumbo a la capital, llegué primero a León para atender un asunto personal, cuando recibí el lunes 18 la triste noticia de su deceso. Descanse en paz.

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