Opinión

Entre Romero Deschamps
y Elba Esther

Existen diferencias notables entre el liderazgo sindical de Carlos Romero Deschamps y el ultimado por vía penal de Elba Esther Gordillo.

El hoy senador ha sido un leal militante priista, conocedor de los mecanismos y contrapesos de su partido, navegante tranquilo en las agitadas aguas de los cambios, las derrotas, las cambiantes alianzas y los poderes dominantes. Romero sobrepasó con tiento y prudencia el secuestro partidario de Roberto Madrazo, la confrontación con Elba, la reconstrucción con Beatriz, el espectacular, efímero y dicharachero mandato de Moreira para regresar al control presidencial en la figura de César Camacho.

Elba fue una militante rebelde, incómoda, insurgente al grado de separarse para formar su propio partido y convertirse en fuerza personal y bisagra de apoyo o rechazo según los tiempos, los intereses y las facturas. Buena parte del fin trágico de Elba Esther al frente del SNTE se debe a su desafío al candidato Peña, a su no sumisión y apoyo irrestricto, absoluto. Elba cuestionó la reforma anunciada, realizó movimientos y gestiones para detenerla, boicotearla, o controlarla para su beneficio y el de su grupo.

Romero Deschamps ha sido una fuerza al servicio del presidente, como en los viejos tiempos priistas. Su control de trabajadores, su apoyo a la reforma “por una nueva era energética en México” ha sido cautelosamente calculada, para no terminar sus días como su antigua colega y aliada Elba Esther.

Pero llegan como siempre con las reformas estructurales, la afectación de intereses. Los privilegios, las canonjías, los dineros incontrolables de la empresa al sindicato y con ellos la irresponsable conducta de gobiernos priistas y panistas del pasado, que siguieron firmando y otorgando prestaciones y concesiones a un sindicato enquistado e improductivo. ¿Cómo se explica que mientras Pemex disminuyó su producción real, el número de barriles por año en la última década, el sindicato haya aumentado plazas, prestaciones y afiliados? ¿Cómo se explica que una empresa operada por los gobiernos –todos ineficientes– haya pagado más prestaciones y salarios a un sindicato en momentos en que le empresa se hacia menos productiva y rentable?

Estos desatinos y excesos se explican sólo por razones políticas, por control y mantenimiento absurdo de una empresa que operaba con criterio político-electoral, no guiados por una óptica de eficiencia, rentabilidad y mercados internacionales.

Romero permanece donde está, porque ha sido leal al sistema, porque ha cometido sus excesos, sus aviones y yates más los coches y viajes de sus hijos, pero son peccata minuta en comparación con los servicios que le ha prestado a los poderosos en turno.

Hoy el mayor escándalo es el Fobaproa de Pemex. Para rescatar la escandalosa deuda producto del pasivo laboral, para “limpiar” a una empresa corrupta e ineficiente que asuma condiciones reales de competitividad mundial, el erario público, Hacienda, los mexicanos debemos asumir esa deuda por los siguientes 10 o 15 años. Con todo y las cuotas sindicales, las pensiones de trabajadores aviadores del sindicato.

Elba Esther se fue a la cárcel porque no entendió al equipo del nuevo régimen y se atrevió a cuestionar y oponerse a la reforma educativa.
Romero ha sido inteligente y cuidadoso, al grado de apoyar aun en contra de una eventual competencia que pudiera afectar el empleo de sus agremiados.

Tal vez el presidente Peña y su equipo, una vez aprobado todo el paquete y en curso la implementación de las nuevas leyes, considerarán la posibilidad de “mandar a retiro” al impresentable líder de los trabajadores petroleros. No es una buena carta de presentación ante la eventual llegada de nuevos competidores en el mundo.

Pero su final no será como el de Elba. Romero se irá a su casa, tal vez por la silenciosa puerta del retiro forzado, pero sin acusaciones, investigaciones o delitos que perseguir. Es el pago de su lealtad. Nadie lo molestará para que disfrute de sus muchos bienes y propiedades. Un merecido descanso tras dos décadas y fracción de disciplina con el poder.