Opinión

Entre Lores y Ladies….

 
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lordaudi. (maldadreyes.blogspot.com)

En el nuevo episodio de distracción nacional de la semana pasada, la red nos enseñó los abusos y prepotencia de un junior, al que le dieron el mote de #lordaudi, que tras atropellar a un ciclista y agredir a un agente de la policía bancaria se dio a la fuga velozmente, llevándose de por medio una bicicleta que es propiedad de la Ciudad de México, siempre bajo el cobijo de la estúpida e insostenible idea de que “es México wey”, el país en el que algunos creen que pueden hacer lo que se le pegue la gana sin que pase nada.

Para sorpresa del innombrable, del cateo que se ha realizado en su domicilio derivarán las órdenes judiciales que lo someterán a un proceso que lo marcará para siempre. Error de cálculo que viene a convertirse en una muestra invaluable de lo que habrán de seguir enfrentando quienes tengan el desatino de seguir violando las normas de convivencia que permiten la muy difícil relación armónica de nuestra sociedad.

Indudablemente que debemos aplaudir este efecto que está produciéndose en contra de la impunidad, pero no podemos perder de vista que se trata de una pequeña muestra, que aparece exclusivamente en aquellos casos en los que se puede echar mano de las tecnologías de la información, de la vertiginosidad con la que viaja una noticia de un lado a otro del planeta. ¿Qué sucede en aquellos casos en los que la víctima enfrenta el infortunio de no haber tenido una cámara a la mano o un testigo que se prestara a capturar las imágenes reveladoras del delito?

No sólo la reforma del sistema penal vendrá a transformar paulatinamente la aplicación del derecho en México, sino también la concientización ciudadana en torno de la necesidad de erradicar, para siempre, las prácticas y costumbres que han permitido que se premien y superpongan los valores equivocados. Ya no más un vehículo, un reloj, un vestido o una relación familiar deberán ubicarse por encima de la recta conducción de las actividades cotidianas del ser humano; ya no más la riqueza y la influencia deberá doblegar la debida aplicación de la ley para beneficio de los valores que nuestra sociedad desea tutelar: el esfuerzo, la transparencia y la honestidad.

El camino no será corto ni será fácil de andar, y la mejor muestra se obtiene a través de la reflexión de aquello que el video del #lordaudi nos enseña: a pesar de que este fulano cometió por lo menos una infracción administrativa y un delito (el daño en propiedad ajena), y de que el agente policial advertido de los hechos contaba con la autoridad constitucional para detener al infractor y solicitar la inmediata intervención de otros agentes competentes, la situación se salió de control, el fulano no fue sometido y se concretó una fuga que no permitió la pronta y exacta aplicación de la ley para beneficio de la víctima.

Tan urgente es que se determine cuál es el valor probatorio que deberá concederse en un juicio al material videograbado que obre en poder de la ciudadanía, o que se dignifique el trabajo de la policía y se le capacite profesionalmente, como también que se alcancen los acuerdos necesarios que definan cuál es el umbral válido dentro del cual se debe ejercer, a cabalidad, la fuerza coercitiva del derecho que garantiza su aplicación.

Es lamentable apreciar y comparar la facilidad con la que algunos mexicanos ofenden y dan por sentado que la policía se puede vapulear o se puede comprar, como la incapacidad de la que se duelen y están ostentosamente afectados dichos servidores públicos para actuar efectivamente y lograr el cumplimiento de su deber. Vivimos en esta interminable época de indefinición, en la que azorados por la sombra del 68 y la férrea defensa de los derechos humanos en la que se envuelven las voces más liberales, que impide a las fuerzas del orden hacer uso de los instrumentos más benévolos con los que cuentan para someter a los agentes del desorden, simultáneamente somos testigos, o bien de la burla de la que son sujetos, o en su defecto de los excesos que los llevan a privar de la vida a la misma ciudadanía a la que deben de proteger.

En contraposición a lo dicho anteriormente, es menester que el trabajo de investigación y la persecución de los delitos se siga conduciendo dentro de los márgenes de la buena fe, y del respeto a la privacidad del individuo y, sobre todo, su presunción de inocencia. Sería muy peligroso que se privilegie la acusación encausada por las redes sociales y que se empodere a la sociedad en su propio perjuicio, en un proceso de conversión de la sociedad en policía de sí misma. A pesar de que el nuevo proceso penal se caracteriza por su publicidad, subsiste un derecho a la intimidad de las personas que debe verse protegido por el Estado mismo.

A menos de una semana de que el #lordaudi hubiera cometido el atropello deleznable que lo llevó a alcanzar con toda justicia el reproche más sonoro de quienes hemos observado su conducta, circula impunemente su domicilio personal y las actividades a las que se dedica.

Qué injusto será que el detonador de la acusación sea la infiltración de un video a través de las redes sociales, de cara a otras violaciones, muy probablemente más graves, que pasan a segundo término en la agenda de las autoridades de investigación criminal y persecución del delito, por el hecho de no haber logrado la publicidad y el morbo que ofrecen los vehículos de entretenimiento de nuestra época.

Tenemos que aplaudir el nuevo instrumento que arroja la tecnología, que terminará con la abominable práctica de la prepotencia, la exaltación de la desigualdad y la impunidad como método de discriminación. Hoy le damos las gracias a todos los lores y las ladies que, por su conducta antisocial, lograron despertar esa conciencia social que permitirá la evolución de México.

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