Opinión

Entorno positivo de la economía mexicana

   
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El mejoramiento económico mundial ha generado un entorno favorable para México. A pesar de ello, la expansión de la producción en nuestro país se ha debilitado, lo cual confirma la necesidad de atender los desafíos internos.

Durante 2017, el crecimiento económico global ha cobrado vigor y ha incorporado a las principales regiones con una sincronía no observada desde hace tiempo.

El PIB estadounidense ha exhibido un avance firme, sustentado no sólo en el mayor gasto de los hogares sino en la inversión de las empresas. La recuperación ha incluido la reanimación industrial, una vez realizada la reestructuración petrolera derivada de los menores precios de los hidrocarburos. Ello ha beneficiado a México, por la elevada correlación de su producción manufacturera con la de su vecino del norte.

Otros países desarrollados han mantenido el aumento productivo. Destaca la eurozona con ritmos de crecimiento anual ascendentes desde mediados del año pasado. Asimismo, las economías emergentes han incrementado su dinamismo.

La fortaleza económica global ha estado acompañada de menos desempleo y más comercio internacional. La mayoría de los analistas prevé que el progreso económico se mantenga el próximo año y estima que los riesgos al alza y a la baja de ese escenario son aproximadamente iguales.

Las perspectivas de crecimiento han propiciado un desempeño positivo de los mercados financieros mundiales. Después de la turbulencia causada por la elección y la toma de posesión del presidente Trump, desde febrero de este año se han vuelto a registrar aumentos considerables en los precios de las acciones, los bonos, así como de muchas monedas en términos del dólar estadounidense.

Aparentemente, con los menores temores sobre las posibles políticas proteccionistas de Estados Unidos, se ha atenuado la aversión al riesgo, lo que ha traído mayores flujos de cartera a las economías emergentes y ha impulsado el precio de sus activos.

Tras haber sido la moneda más afectada el año anterior, en 2017 el peso mexicano ha experimentado la mayor apreciación en el grupo de emergentes. Obviamente, la flexibilidad de los mercados hace que el valor de éste y cualquier otro activo pueda volver a experimentar presiones si surgen noticias desfavorables.

Finalmente, el restablecimiento económico ha llevado a algunos bancos centrales de naciones desarrolladas a avanzar en la normalización de sus posturas monetarias. El más notable ha sido el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos, que este año ha incrementado en dos ocasiones su tasa de referencia y se espera que lo vuelva a hacer en diciembre.

En contraste con la recuperación cíclica mundial, durante 2017 la actividad económica de México ha perdido fuerza, hasta registrar una contracción en el tercer trimestre. Si bien el dato más reciente está afectado por los sismos y las condiciones climatológicas adversas, hay indicios de que, aun sin esos factores, el debilitamiento habría continuado.

El apoyo externo se observa en la reanimación de la producción manufacturera, que ha estado impulsada por la expansión de las exportaciones no sólo a Estados Unidos sino al resto del mundo. El rubro más dinámico han sido las ventas automotrices, que responden a la elevada demanda en ese país.

No obstante, los servicios, que por varios años han sido el principal motor de crecimiento, han disminuido su dinamismo.

Además, a pesar del estímulo externo, desde 2016 la producción industrial ha sufrido continuas caídas, acentuando la tendencia de desaceleración iniciada dos años antes. El principal factor ha sido la fragilidad gubernamental relacionada con el petróleo, mediante dos efectos.

El primero se manifiesta desde 2014 en la aceleración del descenso de la producción minera, asociada primordialmente con la extracción de petróleo y gas. El segundo refleja el ajuste fiscal que se ha concentrado en una menor inversión pública en infraestructura física, reduciendo la construcción.

La debilidad ha aumentado con el virtual estancamiento de la inversión privada desde 2016. El panorama no luce alentador considerando los niveles relativamente deprimidos de los indicadores de confianza de los negocios. La caída de la inversión es preocupante porque limita la capacidad de la economía de mantener un crecimiento elevado.

Para enfrentar los desafíos internos, México debería aplicar reformas que aumenten el atractivo de la inversión. La inviolabilidad de los derechos de propiedad, la remoción de las barreras a la apertura y los menores impuestos podrían ampliar las fuentes de crecimiento sostenido.

* Exsubgobernador del Banco de México y autor de Economía Mexicana para Desencantados (FCE 2006).

Twitter: @mansanchezgz

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