Un país gordito… pero en todo
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Un país gordito… pero en todo

COMPARTIR

···

Un país gordito… pero en todo

18/10/2013

 
¿Tiene usted sobrepeso? Si la respuesta es no, forma parte del afortunado 30 por ciento esbelto que tenemos en México.
 
,
Si contestó afirmativamente, no se vaya a amargar, es parte de ese mal genético que nos aqueja y que nos hace propensos a engordar.
 
,
Lo peculiar es que somos gorditos no sólo en nuestra masa corporal sino también en “la masa” del sector público, en la de los sindicatos o en la estructura de cualquier empresa importante, por citar sólo algunos ejemplos.
 
,
Mientras que los refrescos, pingüinos y gansitos tengan un impuesto, pero no sea el mismo caso para las “guajolotas” o la gorditas de frijoles que nos zampamos en el desayuno, los incentivos para comer sano van a resultar completamente insuficientes.
 
,
Pero, vayamos más allá. Aun si le pusiéramos un impuesto de 25 por ciento a las carnitas, si continuamos con los hábitos de actividad física que tenemos, tendríamos que estar a pan y agua para no engordar.
 
,
Si tiene usted la edad suficiente le recuerdo, si no, le cuento. En la infancia de los que tenemos ya algunas décadas, una de nuestras actividades regulares era salir a jugar a las calles.
 
,
Cuestión de hacer la tarea tan pronto como fuera posible, y durante tres o cuatro horas por las tardes había un mundo por descubrir fuera de la casa.
 
,
Hoy, las grandes aventuras se viven frente a la pantalla de una computadora, y eso es una parte esencial de nuestro problema.
 
,
Pero, le decía, el gen del sobrepeso resulta también institucional.
 
,
Acuda usted a una oficina de Pemex y compárela con su equivalente de Shell o Exxon.
 
,
En nuestra empresa –pues se supone que los mexicanos somos los propietarios- se va a encontrar usted con la secretaria de la secretaria. O incluso, con un puesto de esos que parece de principios del siglo XX: elevadoristas, puestos inexistentes en otros lares.
 
,
Pero nos equivocaríamos si pensáramos que la gordura de personas y presupuesto corresponden sólo a las instituciones públicas.
 
,
Le pongo un caso que se vive todos los días: los restaurantes. Vea usted esos lugares de alto protocolo en México y se encontrará con capitanes, meseros, garroteros y demás. Compárelos con algunos lugares equivalentes en otros países, y verá que el mismo sujeto le toma la orden, le sirve, le sugiere el vino, recoge los platos y trabaja en lo que se ofrezca. Claro, no es del sindicato.
 
,
Analice la estructura de una gran empresa privada fuera del país y encontrará que el presidente tiene un par de asistentes y se acabó.
 
,
Algunos personajes equiparables en el país tienen -no le exagero- decenas de personas que pululan a su alrededor y que a veces los tienen virtualmente secuestrados.
 
,
Cuando se ven las cifras no hay duda. Si México quiere parecerse a los países desarrollados, necesita un gobierno que tenga muchos más recursos que los que tiene hoy el de nuestro país.
 
,
Pero la diferencia es que otros gobiernos tienen músculo y no grasa. Nosotros tenemos cuerpos policiacos con salarios miserables –sobre todo a nivel municipal- y funcionarios que calientan las sillas en las oficinas sin aportar valor a la sociedad y que perciben ingresos 20 veces mayores.
 
,
Tenemos ingenieros mal pagados y burócratas corporativos que sólo inflan las nóminas de las grandes empresas mexicanas.
 
,
No está mal que toda esta discusión en la que las refresqueras movieron aire, mar y tierra para echar para abajo el impuesto a las bebidas azucaradas nos haya puesto sobre la mesa el tema de la obesidad.
 
,
Le aseguro que si el gobierno y las empresas se pusieran a dieta e hicieran el ejercicio de mantener en su estructura a quienes realmente aportan valor, tendríamos instituciones esbeltas y mucho más eficientes.
 
,
Por gorditos nos ganan en los deportes y por tener instituciones “gorditas” también perdemos la competencia de la productividad.
 
,
A ver si nos ponemos en línea.
 
 
Twitter: @E_Q_
 

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.