Por qué no fue un fracaso la reforma energética
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Por qué no fue un fracaso la reforma energética

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Por qué no fue un fracaso la reforma energética

07/12/2018

El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, repitió ayer la afirmación que ya había hecho, en el sentido de que la reforma energética fue un fracaso.

¿Cuál es la evidencia que presentó para sustentar su dicho? La evolución de la producción de crudo.

El argumento es claro. Se prometió que con la reforma se habría de recuperar la producción de crudo hasta 3 millones de barriles al día, y en lugar de ello, de los 2.5 millones de barriles que México producía en 2013, en octubre pasado el nivel llegó a 1 millón 764 mil barriles por día.

La caída de casi 30 por ciento en este lapso fue presentada como evidencia del fracaso.

Sin embargo, este comportamiento poco tiene que ver con la reforma.

Me temo que alguien está contando una historia imprecisa o de plano falsa al presidente.

Las licitaciones petroleras derivadas de la reforma comenzaron en el 2015, y dieron lugar a 107 contratos en 9 subastas.

La prospectiva de inversión era de apenas 5 millones de dólares en 2015; 126 millones de dólares en 2016; 916 millones en 2017, y 688 millones en este año.

Hasta el 2019 habrían de fluir inversiones importantes. En el siguiente trienio se estimaban en 10 mil 200 millones de dólares.

Es decir, nunca se pensó que con la reforma habría de aumentar la producción en el corto plazo.

Pero, AMLO tiene un punto. La ‘sobreventa’ de este cambio legal dio lugar a una expectativa que rebasaba lo que se podría hacer en la realidad.

A pesar de que califica a la reforma como “una mentira” y “un gran fracaso”, ha señalado que no habrá revocación de contratos ni tampoco se ha planteado un cambio constitucional para eliminar el tipo de contratos que permitió la reforma.

La realidad es que la razón de la caída en la producción de los últimos años derivó de la reducción de la inversión en exploración de Pemex Exploración y Producción (PEP), que ocurrió ante la baja de los precios del crudo, particularmente entre 2014 y 2016.

Y hay otro problema de fondo. Por años, la producción petrolera se sustentó en los yacimientos gigantes, especialmente Cantarell. Y ante su declinación, Pemex no logró reponer las reservas y la producción.

La estrategia, detrás de la reforma, fue la atracción de inversiones ante la necesidad de más recursos que no tiene Pemex.

¿Era factible otro esquema? Sí, desde luego. Si el gobierno no tomara los recursos de Pemex y se los dejara para reinversión, habría recursos adicionales para explorar.

Pero entonces el problema sería sustituir los recursos que no obtendría el gobierno.

Para poder evaluar los resultados de la reforma, se requiere esperar al menos un trienio para verificar si se cumplieron los compromisos de inversión y los resultados que se obtuvieron.

Un problema adicional es que el tono empleado por los nuevos funcionarios ha conducido a que algunas empresas ya estén valorando si siguen con los proyectos o de plano desisten, ante la percepción de que habría riesgos en el futuro.

Por lo pronto, habrá que estar muy atentos de los anuncios del próximo domingo, cuando se revelará el plan completo de refinación. Y en una semana más tendremos el plan de producción de Pemex.

Esperemos que no haya sorpresas que derrumben los mercados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.