El día de los símbolos
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El día de los símbolos

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El día de los símbolos

02/12/2018

En el día inaugural del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador, quizás fue más importante lo que se hizo que lo que se dijo.

Fue un día repleto de símbolos. Hubo numerosos hechos que marcaron diferencias profundas y que dan cuenta de lo que debemos esperar.

Hay que recordar que, por ley, desde la cero horas de ayer, AMLO era ya el presidente constitucional. La ceremonia de transmisión de poderes es protocolaria.

Así que cuando salió de su domicilio en el sur de la Ciudad de México hacia el Palacio Legislativo de San Lázaro, AMLO ya era, de facto, el presidente constitucional.

Ello no fue impedimento para que transitara en su auto de siempre, el ya célebre Jetta blanco, sin aparato de seguridad, sólo acompañado por algunos motociclistas de la policía capitalina.

En la transmisión de las imágenes de ese trayecto, se pudo observar al ‘auto presidencial’, deteniéndose al encontrarse con luces rojas.

En contraste, Enrique Peña Nieto llegó a San Lázaro con el convoy de camionetas que le era usual.

En el trayecto, AMLO departió con quienes se le acercaban en los tramos en los que transitaba el vehículo a baja velocidad.

De esos diálogos extrajo lo que quizás es el mensaje más fuerte de su discurso: no tengo derecho a fallarles, algo que una persona en bicicleta le dijo cuando estaba cerca de él.

López Obrador pronunció un discurso en el que, en buena medida, reiteró los dichos de su campaña. Fue intensamente crítico con el neoliberalismo y planteó su visión de que los problemas del país van a resolverse combatiendo la corrupción.

Entre las pocas novedades de lo que dijo, estuvo su defensa apasionada de las Fuerzas Armadas, a las que apuesta para combatir el flagelo que significa la inseguridad en el país.

López Obrador mostró en sus dichos que no será un presidente que le huya a la polémica.

Al hacer mención de los invitados internacionales, no omitió el nombre de Nicolás Maduro, quien ni siquiera se encontraba presente en San Lázaro, a sabiendas de que ese hecho desataría las protestas de los legisladores del PAN.

Tras abandonar San Lázaro y dirigirse al Palacio Nacional, en su mismo auto compacto, llevaba tras de sí a tres vehículos tripulados por cadetes, marinos e integrantes de la Fuerza Aérea, que simbolizaron el respaldo de las Fuerzas Armadas al presidente López Obrador.

En otro punto de la ciudad, Chapultepec, hubo otro hecho simbólico: la apertura de Los Pinos al público. Ese inmueble que albergó a 14 presidentes de la República, desde Lázaro Cárdenas hasta Enrique Peña, se convirtió ya desde hoy en un centro cultural.

El paso de la gente a un sitio que le fue vedado por muchos años, quedará como otro de los símbolos del día de ayer.

Finalmente, el presidente de la República sabe que aun ya convertido en el Jefe del Ejecutivo tiene un atributo del que carecieron los presidentes desde hace muchos años: ser un líder social.

Por esa razón, no abandonó, como no lo hará en el futuro, la plaza pública y acudió a recibir el ‘bastón de mando’ que le entregan las comunidades indígenas y a dar un mensaje a la gente que fue al Zócalo a celebrar con él la tarde de ayer.

No se puede gobernar exclusivamente echando mano de los símbolos. Pero, el presidente López Obrador vaya que sabe hacer uso de ellos, y serán uno de los instrumentos más poderosos de su gestión.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.